jueves, 15 de octubre de 2026

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

𝐃𝐞 𝐢𝐳𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚 𝐚 𝐢𝐳𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚
 
 
Si es cierto que al final de un túnel
una luz trae la muerte; si lo es, yo
la vi, no una vez: lo olvidé y lo recuerdo.
Desplazándose de izquierda a izquierda
era una luz que estorbaba a la palabra
humana. Un recurso, una alegoría,
la caridad expuesta como una mujer
desnuda. Sé en mí el alma de Pound
iluminada por la luz lechosa de la luna.
Cumbre y abismo, esa atracción
de precipicio hasta ir cayendo poco a poco. 
 
Nada me dice el mundo. Mi corazón dormido,
envuelto en una cáscara inerte, pierde
la memoria. Es la edad. La ciega edad
que me enaltece (abandonado) en un trono
imaginario. En el cuartucho del fondo
están mis libros. Hay de todo, hasta poemas
escritos en un delirio místico, compuestos
por los muertos que ensayan un regreso.
 
La noche es mía. Un yo infantil se resiste
a envejecer sin haber alcanzado antes
cierta fama. En mi mente las mujeres
de los Cantos hacen gala de sus pasiones.
Rebosantes de deseo, musas y confidentes
atrapadas en páginas que ya nadie lee.
 

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