SOBRE UNA FOTO DE ANA C.
El verbo serpentear encaja aquí, justo
en todos sus sentidos, y se adhiere
exacto, en el músculo puro y desnudo
que se mueve así, abrasador
a la velocidad de una serpiente o del mercurio:
de cero a cien, cubre el espacio del cuerpo
sin sentir la fuerza de la aceleración
ni el retorno, serpentino, a la inercia
del anillo inicial. En las dos etapas
se ajusta como un guante, se viste solo
de sí mismo, con su piel más fina y definitiva.
traducción de María Rosa Maldonado,
(Fuente: Richeliú Richeliú)
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