Retrato terminado
The art of losing isn't hard to master Elizabeth Bishop Es una manera de decir quiero quedarme sin palabras, perder sin comentarios. Hasta cuándo voy a hablar de lo que ya no está. De la que ya no está viéndome escribir de ella. ¡Y con esos ojos! También yo de noche los abro y miro el silencio en la oscuridad donde el retrato termina sin que lo alcance a ver y pienso y pienso y pienso en temas como vos que no parecen tener vencimiento, en tu deseo de llegar a casa: con la llave preparada, aferrada a la puerta del taxi, te dejabas caer en tu puerta casi con la voluntad incierta de una hoja en otoño, esa clase de vencimiento, y esos ojos más bien dorados de los que decías en las descripciones ojos verdes. Para mirar cada ocasión con buenos ojos que no me miran más, aunque los recuerde. Y ahora quiero quedarme sin palabras. Saber perder lo que se pierde. O eso parece. Parece que las dos nos hemos quedado sin madre: yo sin vos vos sin ella, y sucesivamente, como eslabones perdidos y encontrados por un rato con los padres, pero ésa es otra historia que está mejor contada en la foto de casamiento para la que palabras nunca tuve, como si fuera anticipo de mi propio vencimiento. De los padres decías que el tuyo tenía ojos verdes, como vos, tu nieto Juan, y nadie los tenía del todo aunque merecían tenerlos: tu manera de embellecer el retrato era tu manera de verlo. De ella decías en cambio desde su muerte no fui la misma, y ésa sería tal vez tu manera de no terminar el retrato. La palabra no. Lo mismo digo yo. Aunque también se diría una ocasión más bien vulgar: en general, todos nos quedamos sin ella, y esa ausencia de luz parece descansar los ojos sin vaciarlos. Los anima, o los vuelve hacia la oscuridad, que es donde el retrato termina. Dijo mi padre de la suya: nací con ella y ahora voy a tener que morirme solo. Y después lo hizo. Dijo mi maestro de la suya: me pasé toda la vida para tener la letra de mamá. Y después la tuvo. Era un dolor perfecto: hablando de ella, hablaban de sí mismos. O eso parece. Parece que perder no es un arte difícil: los muertos de verdad de uno son víctimas amadas de los vivos. De lo que cada uno dijo.
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)

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