viernes, 2 de octubre de 2026

Natalia Ginzburg (Palermo, 1916-Roma, 1991)

 

 

 

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Los hombres van y vienen por las calles de la ciudad.
Compran comida y periódicos, se dirigen a distintas empresas.
Tienen el rostro rosado, los labios vivos y carnosos.
Alzaste la sábana para ver su rostro,
te inclinaste para besarlo con el gesto habitual,
pero era la última vez. Era el rostro habitual,
parecía apenas un poco más cansado. Y el traje era el de siempre, los zapatos eran los de siempre. Y las manos eran las que partían el pan y servían el vino.
Todavía ahora alzas la sábana en el tiempo que pasa para ver su rostro por última vez.
Cuando caminas por la calle, no hay nadie a tu lado, cuando tienes miedo, nadie te da la mano.
No es tuya la calle, no es tuya la ciudad,
no es tuya la ciudad iluminada. La ciudad iluminada de los otros, de los hombres que van y vienen, compran comida y periódicos.
Te asomas un rato a la ventana tranquila y contemplas en silencio el jardín en la oscuridad.
Entonces, cuando llorabas, estaba su voz serena.
Entonces, cuando reías, estaba su risa apagada.
Pero la cancela que se abría por las noches quedará ya cerrada para siempre, y tú juventud desierta, el fuego apagado, la casa vacía.

Poema a la memoria de su esposo.

 

 (Fuente: En Amor Arte)

 


 

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