viernes, 2 de octubre de 2026

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

𝐆𝐞𝐭𝐬𝐞𝐦𝐚𝐧𝐢́

 

Y ahora están sonriendo, creo.
Y leen una novela que relata
la breve historia de la gata
de pelaje blanco de Lenin
que ganó hace unos años
el premio Aena de un millón
de euros. Y les suenan los teléfonos.
Y saludan alegremente a sus hijos
o nietos. ¿Qué amor, qué piedad,
les apresa los corazones cuando Masha
derriba con su pata el tintero
y entrecierra los ojos como si ya nada
pudiera leerse de esos escritos
dogmáticos de Lenin? ¿Recuerdan
a la chica o al muchacho que eran
cuando todo, todo no era más
que tormento? Díganme: ¿cómo eran
de los pies a la cabeza sus cuerpos?
Háblenme: ¿qué ocurrió en sus mentes
cuando los soviéticos entraron en Czernowitz
donde ya estaba Paul Celan liberado
trabajando de ayudante en una clínica
psiquátrica? ¿Era ese ya un Otro mundo
infinito y diferente al que temieran
(al que temíamos) todos aquellos que lo vieran
con los ojos de una raza extinguida?
𝐿𝑎 𝑚𝑢𝑒𝑟𝑡𝑒 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑀𝑎𝑒𝑠𝑡𝑟𝑜 𝐴𝑙𝑒𝑚𝑎́𝑛 𝑠𝑢 𝑜𝑗𝑜
𝑒𝑠 𝑎𝑧𝑢𝑙 𝑒́𝑙 𝑡𝑒 𝑎𝑙𝑐𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑐𝑜𝑛 𝑏𝑎𝑙𝑎 𝑑𝑒 𝑝𝑙𝑜𝑚𝑜
𝑠𝑢 𝑏𝑙𝑎𝑛𝑐𝑜 𝑠𝑜𝑠 𝑣𝑜𝑠... Vos, yo, nosotros, otros,
aunque cambien los nombres, las ciudades,
las lenguas. Nuevamente Getsemaní,
Gaza, el jardín de la agonía. Y seguís
sonriendo, creo.

 

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