En los arenales
decrépitos,
en el corazón
sin pelambre:
galgo,
luz delicada,
se enseñorea
de los alfalfares
cubiertos de albores
y nieves.
Tudcum
florece.
Y hay viento
metiendo bulla
entre
las piedras
que subyace
el desierto
y su pelambre.
No hay campanas
aquí,
un lagarto muere.
- Inédito -
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