UNIR
Fue en la casa de su madre, en Lincolnshire, que Isaac Newton tuvo el tiempo y la disposición de ánimo para observar una manzana.
El pecado es acaso sólo una cuestión de gravedad.
Las letras de la palabra Adán son las mismas que componen la palabra Nada.
“The redness/ of red” escribió Rae Armantrout para referirse a algo que no entiendo pero que, sin embargo, percibo. “Lo rojizo/ del rojo”.
Es verdad que amanece.
La sangre suele ser un lugar común.
En la imaginación popular las palabras “y sin embargo se mueve” siguen siendo una referencia más o menos explícita a la tenacidad o testarudez de la mente científica.
El cuerpo es una forma de la mente y viceversa.
Suele producir algo de inquietud observar a un hombre que retoza bajo la fronda de un árbol o que se desliza como entre nubes cuando atraviesa las calles de una ciudad.
Hay ciudades que, en efecto, se prestan para caminar ya sea con o sin lluvia.
Alguien ha asegurado ya que es muy fácil perder un paraguas.
No sé cuál sea la probabilidad de perder, en cambio, una flecha dorada.
En sus retratos de juventud, Isaac Newton da la apariencia de haber sido un hombre hermoso a punto de morder una manzana.
Todos perdemos, eso se sabe.
¿Es posible que un cuerpo yazga orgánicamente sobre un litoral?
El ruido que resulta de la inserción de los dientes sobre la manzana siempre me ha parecido sensual. En cambio, el ruido que se produce cuando los dientes arrancan el pedazo de la fruta me hace vacilar.
Bilabial, la boca. El beso. El chasquido.
En el esquema RGB, el rojo junto con el verde y el azul son colores primarios de luz. Esto cambia en el esquema CMYK que está basado en pigmentos donde el rojo no es parte de los colores primarios sino el rojo magenta, que junto con el cian y el amarillo están más cerca de los colores primarios sustractivos auténticos que el ojo percibe, y se utilizan en la impresión de color moderna.
El menstruo, ah. Viscoso, real, inútil, el menstruo.
Combinación numérica; ranas palúdicas; palma arquitectónica; espesura escalofría.
La urgencia con la que cruzó la puerta y tomó el pincel y trató, inútilmente, de plasmar lo que veía detrás de los párpados.
Voy gravitacionalmente hacia ti.
¿Mencioné ya los pájaros carmesí, la luna vacía, la larga hilera de hormigas?
Son pocas las vocales que separan la palabra “monstruo” de la palabra “menstruo”.
¿Consiste la meta en colorear el propio yo para así convertirlo en un personaje audiovisual?
Había, en algún lugar recóndito de sus huesos, un aroma contradictorio y una sustancia que no dejaba de manar.
Mis vestigios terrestres. La hipocresía de mis roperos. Mi magnético interior. ¡Ah!
Dentro de la cueva, el pálpito. A cada latido, la humedad. La sangre es un lugar común, lo escribí hace rato.
Las fúlgidas aves; los calosfríos ignotos; el letárgico licor; las fulmíneas paradojas; el radioso vértigo; la remordida ternura.
Aquí no vive un coleccionista de insectos.
Como si se tratara de alguien ligeramente atormentado: alguien con un cigarrillo en la boca; alguien con un pasado muy largo.
Todo era mentira, Isaac.
Vivimos en estado de peligro: lo desunido se une.
¿Piensas quemar mi casa también?, preguntó o dijo.
Había una duna y, sobre la duna, unos zapatos muy viejos. Alguien decía entonces: te quedarás.
El disco de Newton. Diez ensayos sobre el color (2011)
En: Me llamo cuerpo que no está (2023)
México: Penguin Random House Grupo Editorial, 2023, pp. 273-275
(Fuente: Óscar Limache)

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