domingo, 11 de octubre de 2026

Eugenia Cabral (Córdoba, 1954)

 

 

Cada vez que uno de ellos moría llegaba un animal/
 -entre mórbido y compasivo- a lamer sus restos,/ 
les cubría los rostros con telaraña para que cicatrizaran sus órbitas heridas/ 
por el recuerdo de aquello que habían mirado,/ 
y después tornaba a su cubil, desconcertado/ 
pero consciente de lo que acababa de suceder./ 
¡Ah, escritores suicidas! Ah, malditos desde toda una eternidad./ 
La poesía no va en auxilio de su hacedor./ 
Su sistema reproductor de hacedores es externo, desova en los pantanos.


 (Fuente: Eduardo J. Espósito)

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