MUCHACHA
Aún en la memoria están tus ojos
amplios de luna como la eternidad.
Quiero decir,
cuando todo se derrumba, algo va quedando.
Hoy nada menos que tus ojos
y también el fervor de tus pechos,
y el silencio en la pausa de los dos
y tu piel de rocío,
de frescuras y albas instaladas.
Se huelen en los recovecos del miedo tus vivencias,
cuando en la soledad de nuestros rincones
me tiembla el incendio
en la vastedad trigal de tu cuerpo
y ardes lentamente
como un viejo madero
para cantar la noche y el día,
con ese encantamiento de tu voz
cuando permaneces frutal
en la calle del amor.
Ahora que nos quieren seguir envolviendo
en la metáfora argentina
de irse o no,
preguntémonos
si aún nos quedan sueños,
si la utopía es una deidad a alcanzarse,
si podemos descubrir que a pesar de todo
no nos trituraron
y podemos soñar con tantos
que todo es modificable,
que la tración es efímera aunque se repita.
El problema es saber si todavía queda algo
y con ese poco,
salir juntos a cambiar la infamia.
Saber que desde el sueño
se puede revertir todo.
A mí, muchacha, aún me quedan tus ojos.
MAIPÚ Y RIVADAVIA (a las cuatro de la tarde)
Invadiendo como flechas
el trajín de la tarde,
con su acento mágico de grandes titulares
los minúsculos canillitas,
parten,
desatan sus voces
en el pregón diario de historias mayores,
tendiendo en cada hoja,
los ojos del mundo,
los labios de una bala
que pronunció una muerte,
ayer mismo, con las primeras señales de la aurora.
O nos dice simplemente, con las otras noticias,
que la manifestación embanderó de gritos nuestras calles,
o que el África o América arde,
porque maduran sus amaneceres retaceados.
Y todo por unas monedas
que hará menos ausente el vino de la mesa nocturna…
¡PALERMO, PALERMO, PALERMO!
Es justamente tu hora
En que la nocturnidad nace
Hay un barrio
Nuevamente vestido de gloria
La multitud brama,
Desparramando al mundo su emotividad.
Desaforados gritan con inmensa alegría
el victorioso nombre de un guerrero
De la visualidad alegre, arrastrada en sus alas
Desde la niñez barrial
El titán de los fragorosos combates
Se va para encarnarse en otro.
Se va con la gloria de un combatiente deportivo
De un obrero calificado
Un trascendente del field
Es el Palermo del glorioso Boca
El club de la multitud.
¡Palermo, Palermo, Palermo!
Un grito de expansión mundial
y en ese grito templado
en la grupabilidad futbolera
donde decenas de miles son uno
al Palermo lo están despidiendo
inaugura su propia leyenda.
En cada barrio, en cada ciudad
en países centrales y otros muy distantes
lo recuerdan alborozados
Millones y millones
adictos al deporte del balón
el Palermo no es un grito cualquiera
es un grito de la jubilosidad
como en cada gol inesperado
Notoriedad de lo que vendrá.
Palermo significa en el Imaginario popular
Sueños y goles.
El futbolista que dio tanto y tanto
Por eso lo están aplaudiendo
No solamente en la cancha sino en el mundo.
¡Palermo, Palermo, Palermo!
Mirarlo es ver la teoría filosófica del gol.
¡Palermo, Palermo, Palermo!
Los apóstoles de la insidia
intentaran desaparecerte
Antes de tiempo.
Aquellos ausentes de fibra
Te escamotearan la pelota
Para cerrarte los caminos del gol
Vos con tu hondura espiritual
Sobrepasando todos los enconos
Que pertenecen a seres menores
¡Palermo! Tu nombre estalla
Lloviendo la sequía
Palermo ya sos de todos
Abriste la puerta de la Leyenda.
Alfredo Carlino (17 de octubre de 1932 - 25 de marzo de 2018) fue un poeta, exboxeador, periodista, docente y militante político argentino, ligado históricamente al peronismo.
Cuando tenía trece años comenzó a trabajar en el diario Stándar, sintetizando noticias de los cables. Se desempeñó allí hasta 1952. Es en ese año cuando comenzó su labor como funcionario público, trabajando como redactor en la Presidencia de la Nación hasta 1955, año en que se produjo un golpe de Estado contra el gobierno de Perón, y llegando a ser en 1973 coordinador de Prensa y Difusión. Asimismo participó en las revistas Noticias Gráficas, Ahora y Mundo Deportivo, entre otras.
El 17 de octubre de 1945 participó de la movilización a Plaza de Mayo, convocando a estudiantes y obreros. Alfredo Carlino estuvo en las listas negras de las tres últimas dictaduras. En 1955, tras la instauración de la dictadura autodenominada Revolución Libertadora, fue perseguido por la ley antiterrorista de Pedro Eugenio Aramburu; en 1966, por la ley anticomunista de Juan Carlos Onganía, y en 1976, por la ley antisubversiva de Jorge Rafael Videla. Integró la Resistencia Peronista y sobrevivió a los trágicos incidentes del 16 de junio de 1955 en Plaza de Mayo.
El primer exilio de Carlino vino en 1955, cuando en septiembre la dictadura denominada Revolución Libertadora derrocó al gobierno constitucional de Perón. Como parte de la política cultural instaurada por el antiperonismo, basada en la persecución política, fue obligado a exiliarse:
Me echaron del trabajo por peronista y fui a Montevideo con Jauretche, que era muy amigo de mi padre y fue como un padrino de la militancia para mí. Durante esos ocho meses de día vendía libros y de noche nos juntábamos a charlar de política en los bares. Yo nunca pagaba, porque eso corría por cuenta de los mayores.
Perón le tenía tanto cariño a Carlino que encargó que le hicieran un retrato desde su exilio en Madrid. En 1973, con Perón de vuelta en Argentina, fue nombrado coordinador de Prensa y Difusión. Apenas los militares tomaron el poder, en marzo de 1976, a Carlino lo echaron y lo empezaron a perseguir. Lo fueron a buscar veinte veces a su casa, lo dejaron prácticamente en la calle y volvió a su viejo oficio de vendedor de libros.
Además, Carlino realizó diferentes actividades como estudiar filosofía, periodismo, actuar en teatro independiente y de títeres. Formó parte del Nuevo Teatro, con Pedro Asquini y Alejandra Boero, y del Teatro de los Independientes, hoy Teatro Payró.
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(Fuente: Henderson Espinosa)
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