ECLIPSE
Hoy todas las mujeres
nos hemos levantado
con dolor de cabeza.
Sabemos que se acerca
la tormenta perfecta.
Que sólo un hombre gris,
él también muy perdido,
ha de ver nuestros ojos.
Hoy todas las mujeres
vamos a un bar vacío.
El bar se llama Eclipse.
La barra es circular
y el café es incoloro.
Y el dinero no sirve...
Hoy todas las mujeres
nos miramos el pecho
en el cristal, ahumado.
Y contamos historias
que no tienen final,
y nuestros padres dicen:
Eso no son historias.
Hoy todas las mujeres
hemos estado a punto
de dejarnos los labios
en la plaza gigante...
Y volvemos a casa
con el paso torcido
del que no vuelve a casa.
UN CHAVAL
Tiene 10 años.
Está tumbado en la cama, despierto,
de noche.
De día a veces.
Lo borra,
cierra los ojos
y borra el mundo.
Logra pensar su inexistencia,
la del mundo y la suya.
Logra ver la pequeñez de la Tierra
en el Universo.
Su verosímil
inexistencia.
Negro
en el negro.
El pleonasmo de toda psicología.
La inutilidad de su sufrimiento.
Lo contingente de su vida:
su colegio,
su familia,
las cosas que le hacen sufrir:
el cheviot materno,
la enuresis nocturna.
Un agujero que se sienta.
Un agujero que se levanta.
Un agujero que duerme y come
y cae... en un agujero.
Oscuro como un montón de uretras.
Fácilmente todo
podría no existir.
Así se aleja de la Tierra
su corazón.
Hasta no sentir
y no sentirse.
Lo hace
cuando no puede más.
Le asusta hacerlo.
Tener la fuerza de imaginar
la verdad de la nada.
Le asusta su imaginación.
Su inteligencia.
Su nulo poder real.
Acaba con el mundo
porque es un niño.
Le alivia.
EL SUBSUELO, AL AIRE LIBRE, O EL MENDIGO
O demasiado sublunar, o demasiado poco.
¡Zas! Yo era un mendigo...
Un ¡zas! es el sublime acontecer.
Sentado en la acera, me apoyo en una mano, con la otra pimplo. Tengo más clase que los dos caballeretes del Déjeuner sur l’herbe, de Manet.
(A la altura de mi visual, el mundo es ptolomeico. Detenta la belleza de unas pantuflas olvidadas.)
Me miré las manos y repuse: ¡Ajá!...
Se esfumó mi preocupación inhumana y mi humor melancólico.
(Aquí, tirado en la calle, a veces pienso: tiene color de uña vieja el aire de esta salita.)
Antes, cuando era joven, almorzaba una lata de cassoulet, marca Champion.
Ahora un take-away oriental, yo mismo lo aderezo en el suelo con dos salsas de sobre, agridulce y sésamo.
(Vive bien y piensa en el origen del mundo.)
Ese busto taxidermizado que veis estratégico, soy yo.
No soy un filósofo, en absoluto. No paso frío, charlo con colegas.
Los bulevares de París son la mejor eyaculación que he tenido, larga, ancha, espumosa de sol, nubes, cielo gris.
La melena leonada —radiante de smog, perlada de calderilla.
De noche sí que soy pobre. Mi sueño no tiene váter. Para dormir, he de hacerme cucaracha.
Duchas calientes, mercromina fría en las llagas: me gustaría.
La dicción no la he perdido.
Es que no he perdido nada...
Sólo pido un poco de socialismo.
El pato necesita su maíz. Mi hígado es patrimonio nacional.
Ayudadme en mi estilo de vida..
(Fuente: Henderson Espinosa)
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