EL ERROR
Yo he querido encerrar un mundo alucinado.
Puse despertadores, ritos y comidas.
Hijos y documentos.
Firmé libretas y abrí compromisos en la sangre.
Arrojé con vigor y alegría
los niños de mi vientre calcinado
y busqué sin hallar una conversación amena,
tendí -infructuosamente- los puentes para el diálogo.
He intentado negar la música y el sueño,
el despropósito que nació conmigo y no a mi lado.
He querido domar por miedo
al amor, al delirio, al absurdo…
Y me arrasó la locura de pañales y llantos.
Mientras un monstruo burdo asediaba
desde la inocente bolsa del mercado.
Y nunca sabré qué será la cordura.
Es inútil huir.
se han disuelto los cercos.
Porque cárcel, guardián y condenado
conviven en el curso represivo de mis pasos.
He querido encapsular visiones y fantasmas
-eternos cancerberos del camino-
Y se vengaron de manera sutil.
El orbe estructurado,
la trinchera de papeles y sangre,
de claros ideales y de amigos
se han ido corroyendo como un barco
eternamente anclado sin destino.
No se puede vivir segando sin cosecha.
La hoz ha sido cruel en mis entrañas,
Solo dejó un útero de tintas y cuadernos.
Los hijos del sol y de la risa,
los que acuné asombrada,
en la gruta primordial de mi regazo
se alejan ya por los senderos nuevos
y mi voz no es su voz
ni mis manos, sus manos.
Sé que los amo, sí, pero a veces no basta.
Y el hombre a mi lado
es un árbol de otoño
que duerme sin descanso
que produce la savia y da la sombra.
Pero ignora los fuegos y los rayos.
Ignora las tormentas, los vientos clandestinos
que azotan mi cuerpo desolado.
Él está, permanece. Sus raíces son hondas.
Vegetal perenne, simple y sabio.
Yo he querido
-Dios sabe que he querido-
sepultar los incendios
en el vientre arcaico de la tierra.
Pero el aire y el fuego no procrean raíces,
solo fantasmas en las brumas
y espectros del ocaso.
Yo -queriendo salvarme-
redimí el futuro de los otros
y perdí -pecaminosamente-
mi pasado volcánico.
Perdón, muñecas solas y juegos escondidos.
Perdón por el error.
Caro lo estoy pagando.
En 1980, con treinta años, escribo este texto. Habían ocurrido ya el suicidio de mamá y el secuestro, desaparición y asesinato de Beatriz, mi hermana. Y yo sentía que lo único que me quedaba de verdad, era la escritura. Cuánto se paga por crecer, amigas y amigos, pero se crece. Se crece pese a todo y aún gracias a todo.
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