domingo, 13 de septiembre de 2026

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

ÉGLOGA XII

 

"...la sonora escama del carbono..."
                           Gutierre de Cetina
                                       (1520- 1557)
 
 
Entrañadas de violencia,
prieta la onda estival,
abatidas sobre los purullos
cenicientos y sus pétalos indigentes,
perra preñada
y cabales actos,
contorsión de la víctima
a gris medida
y ubérrima vertebración
del calor,
se multiplican las chicharras
en el sentido de lo que ello es.
O fue. 
 
Potente río de oro
sin agua
y nombres invadidos
de objetos y trapecistas sin red.
 
Trastabillan
el desenfreno del ojo
y los pájaros
que se precipitan
cabeza abajo,
sin aire y sin piernas
en la ardiente greda.
 
Tréboles moribundos,
disneicas campanillas azules,
amarilla cebada
que esperan
gotas de riego.
 
Sol: animal sucio
y raíces de sal.
Ni bermellón,
ni alameda,
ni púrpura enjoyada.
 
Rayos que irrumpen.
Resuellos,
vegetación al borde
de la chamusquina,
bullaranga del olvido,
poca nieve
que no baja de la montaña.
Fealdad rubia,
advertencia no habitada,
fin que sueña dagas
y pulsos apagados.
 
La lluvia
no es admitida
en estos vastos rigores
y sus columnas aciagas.
Llueve la lluvia
que viene del Atacama,
Llueven polvaredales
y espinas,
más allá del zonda
que se prosterna
en la oscura invalidez
de la piedra.
 
Promiscua la sed,
negligente el incesto,
tormentosa la paz
y fustigado torrente desértico,
atlántica la espuma
del cardo azul
y la roja diadema del rosal.
 
¿Hay tentaciones
o sólo púas
en el visible pero negado
frescor del alba?
 
¿Mensaje secreto?
 
¿Desdichas hay
en el pico del zorzal,
pavor en esa ringlera
de jabatos
que cruza la ruta,
pretextos insondables
de los chulengos
y sus pretendidas ceremonias
proteicas?
 
¿Será verdad
que el terremoto
acecha en febrero
como quien no vive
y vivaz vive para nada?
 
Nada se empapa de rocío;
avenidas sudorosas de chañares
y alpatacos,
cactos echados como peste,
mulas moribundas panza arriba
hasta que los jotes
le arranquen los ojos
y mueran por el culo vaciado?
 
Un reptil
serpentea y se agobia,
sagaz la presencia,
interrogantes las péndulas
y la gracia que asesinan
el látigo dudoso
y el hambre que cuesta saciar.
 
Y encimado a la cordillera,
el sólido epitafio:
azafranadas laderas
que la sequía
opone
al desvelo y la obstinación.
 
Cielo:
miles de satélites,
metal y plástico,
cálculo y determinación,
despojos temporales,
acechanza del reviente.

- Inédito-
 

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