lunes, 29 de diciembre de 2025

Omar Alarcon (Sucre, Bolivia, 7 de diciembre de 1986)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas y barba 

 

 

A la mujer que conocí en el psiquiátrico

 

                                                               A Pauline Boyer
 
 
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Cuando te conocí un huracán abría las puertas de la locura y de tu pelo volaban pájaros en dirección al sol.
 
Éramos felices desnudos bajo la lluvia y nos besábamos en los consultorios cuando salían las enfermeras.
 
Yo creía en ti y tú creías en las mariposas blancas que nacen del corazón de los epilépticos.
 
En los huertos recogíamos frutos junto a los pacientes y jugábamos a liberar pájaros que volaban y cantaban en nuestras manos.
 
Y no podíamos parar de reír y reír frente a la muerte, cada vez que en un rostro enfermo admirábamos salir el sol.
 
Entonces fueron los internos en silla de ruedas que nos enseñaron a amar las flores amarillas. Y yo veía cada vez más en tus ojos el reflejo que dejan los pájaros al volar en el cielo
 
Bajo la lluvia el delirio cantaba y florecía en los jardines del psiquiátrico y nosotros hacíamos el amor sin importar las lágrimas que golpeaban las ventanas.
 
Desde entonces el estar juntos fue tener los brazos abiertos al subir y bajar de la marea.
 
Y en nuestro corazón un niño paraba de llorar, y de pedir que lo besáramos, que amáramos la vida, y los espejos rotos en nuestras manos dejaron de partirse sin razón y el río negro que llevaba nuestras penas se secó en las rocas polvorosas del olvido.
 
Ahora el amor nos sorprende en las veredas como una sonrisa que sopla flores de verano.
 
Y una tormenta de luciérnagas nos llena el pecho al abrir las puertas de nuestra casa.
 
Porque la belleza se parece cada vez más al café con leche por las mañanas, y encontramos una verdad al cortar las naranjas, o al saludar al panadero de la esquina. Y los geranios por fin empiezan a florecer en las ventanas y en tus vestidos rojos.
 
Mientras los ciruelos envejecen y el río lleva las lágrimas que a veces derramamos en los brazos del viento.
 
Y pagamos las facturas del gas y alimentamos nuestro gato sin pensar mucho en el mañana.
 
Y aprendemos que la alegría nos espera al cruzar el jardín o al saborear una manzana, que es así de simple.
 
Y si alguna vez pensamos que el estar el uno frente al otro es algo imaginario, que al final estamos solos,
 
nos quedamos callados y dejamos soplar el viento.
 
Porque las gaviotas del presente vuelan a nuestro alrededor cuando nos abrazamos.
 
Y el aire es más claro entre tus manos.
 
Y son más dulces los duraznos.
 
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Omar Alarcón Poquechoque es un poeta boliviano 🇧🇴
 
 
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía) 

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