lunes, 29 de diciembre de 2025

Serguei Esenin (Konstantinovo, 3 octubre 1895–Angleterre Hotel, San Petersburgo, 28 diciembre 1925)

 

 

 



 

TODOS NOS MARCHAMOS LENTAMENTE...

 

Todos nos marchamos lentamente
al país del silencio y la quietud.
Quizás yo muy pronto también deba
preparar mi equipaje mortal. 
 
¡Queridos bosques de abedules!
¡Tú, mi tierra y arena de las llanuras!
¡Cómo ocultar mi tristeza
ante la multitud de los que parten!
 
Amé demasiado en este mundo
todo lo que troca el espíritu en carne.
¡Paz a los pobos que alargan sus ramas
para mirarse en el agua rosada!
 
¡Cuántas cosas he pensado en el silencio!
¡Cuántas canciones compuse a mí mismo!
Y soy feliz porque respiré y viví
sobre esta tierra sombría. 
 
Feliz porque besé a las mujeres,
ajé las flores y me revolqué en el pasto,
y a los animalillos, nuestros hermanos menores,
jamás golpeé en la cabeza. 
 
Sé que allá no florecen los abedules
ni tintinea el centeno su cuello de cisne.
Por eso siento pena
ante la multitud de los que parten. 
 
Sé que en ese país no existirán
estos trigales que brillan en la oscuridad.
Por eso me son tan queridos
los que viven conmigo en este mundo. 
 
 

 

LAS FLORES ME DICEN ADIÓS…

 

Las flores me dicen adiós
inclinando sus cabecitas,
y dicen que nunca más veré
su rostro ni mi tierra natal.
 
¡Qué le vamos a hacer, querida, qué le vamos a hacer!
Ya he conocido las flores y la tierra
y el estremecimiento ante la muerte
lo tomo como una nueva caricia.
 
Porque he comprendido la vida
y pasé sonriendo junto a ella,
puedo decir a cada instante
que todo en este mundo se repite.
 
Qué le vamos a hacer, llegará otro,
la pena no agobiará al ausente,
y el nuevo huésped cantará una canción más bella
a la amada inolvidable.
 
Y al oírla ella en silencio
junto a su nuevo amor,
quizás se acuerde de mí
como de una flor irrepetible.
 
 
 

HASTA PRONTO, AMIGO MÍO...

 

Hasta pronto, amigo mío, hasta pronto,
querido mío, te llevo en el corazón.
La separación predestinada
promete un nuevo encuentro.
 
Hasta pronto, amigo mío, sin gestos ni palabras,
no te entristezcas ni frunzas el ceño.
En esta vida el morir no es nuevo
y el vivir, por supuesto, no lo es. 
 
[Poema, dirigido al joven poeta judío Wolf Ehrlich, escrito con sangre, encontrado en la habitación donde Esenin se suicidó]
 
(Traducción del ruso: Gabriel Barra. Versión poética: Gabriel Barra y Jorge Teillier, chilenos)
 
La confesión de un granuja (Antología poética) 1910-1925 (1973)
Santiago de Chile: Editorial Pfeiffer Limitada, 2012, pp. 46-47, 70 y 75

 

(Fuente: Óscar Limache) 

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