DECIMONÓNICO
Anoche
murió mi amigo
el Ántrax.
Gomero de a changas, peón de zafra;
alcohol y taba.
De vez en cuando
algo ajeno
se le resbaló en el bolsillo
para buscar resguardo atmosférico
y dulce abrigo,
cicatrices de comisaría,
eterno sospechoso.
La madre tetas largas
y el padre que no tuvo
le fueron sólidos infieles.
En turbadas noches
y peores días
pensaba en el puchero,
el rancho de piolas,
nylon y adobes,
las vinchucas,
los hijos por ahí,
los amores blanco y negro,
hechos no palabras,
semillas que revientan;
pata sucia,
firulais pegoteado
a las rodillas,
sepulturero de ocasión
y soldador con cautín.
Las llagas
que hizo
y le hicieron,
y el almita
y sus pelusas
caen
ahora
como agua láctea
en este polvo fugaz.
La Revolución
y la revolucioncita
no lo trazaron
en su plan maestro,
por cuestiones de liturgia
y ángulo pa'trás.
No esperó a San Silvestre,
otra urgencia
lo dificultó
con su bocota llamadora.
Flamígero desaguado.
- Inédito -
No hay comentarios:
Publicar un comentario