
LAS SALINAS
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YO NUNCA vi la nieve y sin embargo
he vivido entre la nieve toda mi
En las Salinas, adonde el mar no terminaba nunca y las olas eran dunas
de sal
en las salinas, adonde el mar no moja
pero pinta.
Nieve de mi juventud prometedora
como un árbol de mango.
Veinte varas de sal para cada familia
de cristianos. Y aún más.
Sal que los arrieros nos cambiaban
por el agua de lluvia. Y aún más.
Ni sólidos ni líquidos los blanquísimos bordes de ese mar.
Bajo el sol de febrero destellaban más
que el flanco de plata del lenguado.
(Y quemaban las niñas de los ojos.)
A veces las mareas -hora del sol, hora
de la luna- se alzaban como
lomos de caballo.
Mas siempre se volvían.
Hasta que un mal verano y un invierno
las aguas afincaron para tiempos
y ni rezos ni llantos pudieron apartarlas
de los campos de sal.
Y el mar levantó techo.
Ahora que ya enterré a mi padre y a mi hermano mayor y mis hijos están
prontos a enterrarme,
han vuelto las Salinas altas y deslumbrantes bajo el sol.
Hay también unas grúas y unas torres
que separan los ácidos del cloro.
(Ya nada es del común.)
Y yo salgo muy poco pero Luis -el hijo
de Julián me cuenta que los
perros no dejan acercarse.
Si parece mentira.
Mala leche tuvieron los hijos de los hijos
de la sal.
Puta madre.
Qué de perros habrá para cuidar
los blanquísimos campos donde el mar
no termina y la tierra tampoco.
Qué de perros, Señor, qué oscuridad.
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De: «𝘊𝘳ó𝘯𝘪𝘤𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘕𝘪ñ𝘰 𝘑𝘦𝘴ú𝘴 𝘥𝘦 𝘊𝘩𝘪𝘭𝘤𝘢» (1981)
Antonio Alfonso Cisneros Campoy fue un poeta peruano 
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
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