martes, 23 de diciembre de 2025

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

 

"...una virginidad ya sin cuerpo."
                              Gabriel Miró.
 
 
Mis muertos
flotan en carrozas negras
y tórridas luces.
Acatan la clausura,
sucumben a ese fastidio
que le pincha los ojos,
a ese frenesí
que borra los inviernos
y el arbitrio de sus raíces.
Sólo nos miramos
en estragos,
sólo
en las sagradas ruinas
que fueron de Sumeria:
cuánto hubiera querido decirles
que me equivoqué,
una y otra vez,
y que ellos
también se equivocaron
con las mutaciones y arenas
voladizas,
las ocultas pretensiones,
los exasperados requisitos
del animal que muere,
que un penacho
de huesos arrepentidos
aún me mordisquea sin aviso,
albergue y casa olvidada,
sorda cicuta, hielo mensajero. 
 
A Enrico,
quemado por el tifus,
allá en Rusia,
en la inmensidad de las llanuras
y el orden precario
que la guerra extravía;
al Neno,
que casi fusilo
y perdonó las balas,
petrificado por el cáncer;
a Georgie,
a sus gruñidos cotidianos
inservibles para dificultar,
al menos,
el morbo degenerativo neuronal;
a mi viejo,
asfixiado en una noche
sin fármacos y rabias,
caucho y humo sulfuroso;
a mi vieja,
aguerrida y prudente,
años de sirvienta y limpiaculos
de señoras y señoronas;
al Cabezón
y aquella redada,
aplastado en el tormento,
1975, en Monte Chingolo;
a Padrino,
revolcándose en reverencias
con el zazen
que place duro pero que no llena,
el suero a cuestas,
el corazón tras sí y desde sí;
a Luna,
el Gaucho Angaquero,
de tumbo en tumbo cirrótico
y galope después,
a José,
que vivía ilusionado
con hadas y miquilos riojanos,
arrollado por un tractor;
cómo decirles
que aún no caducan
sus alientos y aguas audaces
que son hoy shopping
y mármol trucho. 
 
Distinguir entonces,
entre la hipótesis objetiva,
matemática,
y la verosimilitud subjetiva,
bruscamente anímica,
ha sido siempre conveniente
en el análisis de riesgo
y toma de posiciones. 
 

- Inédito -

 

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