domingo, 28 de diciembre de 2025

Enrique Sánchez Hernani (Lima, Perú, 30 julio 1953)

 

 

 

 

 



ITINERARIO DE BRIGGITTE BARDOT

 

 

“La vida de las grandes estrellas termina
en un tubo de barbitúricos, una botella
de whisky o una jeringa hipodérmica. Al
retirarme, me salvé de todo eso”.
B.B.
 
 
 
Todo el mundo me consideraba una ramera
pero el que lo entendió todo siempre fue mi padre
quien estuvo muchos años sin verme y me contaba que cada vez
que sentía nostalgia iba al cine del barrio
pagaba su entrada y allí podía mirarme
abrazando y besando a hombres
que él desconocía. Siempre se salió a mitad de las escenas
pues se apenaba por lo estaba yo allí haciendo
sin entender por qué mi boca salía fotografiada gigantescamente 
en la pantalla mientras los hombres maduros de la platea exigían
más y más centímetros de mi piel sobre sus ojos
para al volver a casa escribirme diciendo que lo entendía todo.
 
Ahora que tengo casi cincuenta años
veo que hice muy bien en no volver más al cine
porque ya hubiera estado loca o consumiría drogas hasta para 
poder ir al baño.
 
Todas mis amigas han muerto o son alcohólicas
pero yo me levanto temprano
cocino por la mañana voy de compras escojo mis vestidos
y por la tarde tomo un baño tibio viendo el jardín
que queda al fondo
es muy triste y hasta me dan ganas de llorar
pero he visto cómo el cine llenaba con astillas el rostro de las estrellas 
que pasaban los 40
 
y cada vez se nos hacía más difícil hacer el amor
ante la mirada de los técnicos que nos apuntaban con sus chorros de luz
y sus cámaras. Siempre odié
esas escenas o estaba enamorada del actor y me ruborizaba
abrazarlo delante de tanta gente o simplemente no me interesaba
en cuyo caso era muy difícil fingir que lo amaba
con mi cuerpo desnudo pegado a las sábanas
aunque todo ese público
que me siguió durante años coleccionando fotos
y almanaques donde apenas me cubría con una sonrisa
pensara que yo era una ramera.
 
Nunca me entendió nadie
ni el médico de los estudios cinematográficos
cuando le pedía anfetaminas para olvidar que era un símbolo del sexo
y que ya nunca podría dejar las ventanas de mi baño abiertas
porque la gloria fue algo terrible y a mí me cegó durante años
hasta que la cabeza me daba vueltas
como consecuencia de beber los vinos del Rhin
que los productores me invitaban.
 
Pero lo que nunca hice
fue ver mis propias películas
ya bastante tormento tenía
con filmarlas para volver a ver lo que quería olvidar
cuando dormía. Le agradezco al Señor
que me haya permitido escapar a todo esto
pues la piel se me empezaba a ajar y pronto mi cuerpo
sería echado al tarro de los desperdicios.
Solo le pido que esta felicidad dure siempre
que me siga permitiendo levantarme temprano
para prepararle el café a mi esposo
que las flores de mi jardín no se marchiten y que haga algo
por alejar esta plaga de insectos
que intenta volver a persuadirme para regresar a los estudios.
 
Por las noches lloro y me aferro al cuerpo de mi hombre
porque temo me vayan a raptar los sueños
tengo casi cincuenta años y estoy desesperada
ya no tomo anfetaminas
pero sigo bebiendo vinos del Rhin.
 
Dios me libre de volver al reino de las plagas
porque ya no soportaría
ser otra vez una ramera.
 
 
Banda del Sur (1985)
En: Óscar Limache
Un año con trece lunas. El cine visto por los poetas peruanos (1995)
Lima: Editorial colmillo Blanco, 1995, pp. 156-158
 

 

(Fuente: Óscar Limache) 

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