UN POEMA DE 18 CIERVAS
HE COMPRADO LA CASA
donde seguramente moriré.
Acabo de mudarme.
Es un espacio ajeno,
vacío de recuerdos
donde nada nos pesa.
Mientras abro las cajas
y encuentro los objetos
que me acompañarán el día
de mi muerte,
las hojas de los árboles
tocan en las ventanas
como aquel hijo enfermo
que reclama a la madre
tirando de su blusa.
Me he comprado la casa
que será de mi muerte
paradero.
Limpio meticulosamente los armarios,
―hay salitre en sus baldas―,
arranco los precintos
y germinan los rostros
de aquellos que habitaron,
―su terca transparencia
de guirnalda sonámbula―.
Entonces se desprende
un exudado antiguo
de ciudad sumergida.
Me echo sobre la cama
para tomar aliento.
Una cama impoluta
que será del amor
también cobijo.
Cuando me asomo al patio
hay alguien que me observa
y es un silencio en llamas.
Al principio una casa es solo eso:
el tiempo que nos queda.
Sin embargo,
me he dejado una luz
prendida en el recuerdo
y estoy viendo a mi hijo
regresar del colegio con la fiebre
en los brazos.
Rosana Acquaroni
18 ciervas
Bartleby Editores
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

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