BERLÍN, 2 DE MAYO DE 1945
A Alejandra Boero
Me llamo Iván Bronstein, soy tanquista de la 7.a Brigada Sur,
ascendido a teniente ahora, después de las colinas de Seelow.
Mañana (sé que estaré vivo mañana) cumplo 22 años.
He pasado los últimos tres años a caballo de la muerte.
Katya, amor mío, la muerte no es una ensoñación de Pushkin:
pesa 30 000 kilos y huele a vísceras y gasoil quemados.
(¿Has escrito nuevos poemas?
¿Me los dirás en la penumbra del granero?
Silencio, me decías, el sol va a tocar el horizonte).
A veces, la muerte y yo irrumpíamos a 40 kilómetros por hora
desde lo profundo de un bosque nevado. Los pájaros nos precedían.
Yo imaginaba eso, bandadas de pájaros negros en desbandada
que graznaban ¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra! Y entonces abríamos fuego.
(¿Has pensado jamás, Katya, que abrir fuego es una expresión poética?
¿Y que cerrar fuego no existe en nuestra lengua?
La palabras tienen esta forma caprichosa de hacernos el amor,
dirías con una sonrisa. Las palabras son más libres que las personas).
Caminábamos después por entre el humo y los cuerpos.
Aún nos veo allí como sombras entre las sombras,
como si esos cuerpos hubiesen sido la sombra de nuestros cuerpos,
un eclipse maligno, el eco astillado de lo que nunca sabríamos decir.
Algunos cuerpos gemían. Quiero cadáveres, no prisioneros,
nos había respondido el comandante mientras fumaba su papirosa.
Usábamos mazas, hachas y palas, cosas que teníamos a mano.
Pável, el artillero, tocaba el acordeón, siempre la misma melodía.13
La guerra, Katya, es este viento metálico que sopla en la memoria.
Recuerdo que hemos llegado a un gran parque entre las ruinas,
el Tiergarten (como quiera que se pronuncie en esta lengua bestial).
Parece que hay jabalíes acá, quizá podamos cazar uno para la cena.
Hemos descendido ahora y nos hemos sacado fotos junto al T-34
con la Sport de Andréi, el conductor; te llevaré un par de regalo.
No recuerdo mucho más, la brisa de la mañana era agradable
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OTOÑO DE 2020
OTOÑO DE 2020
La vida era perfecta y aburrida.
Es bueno volver a 1918,
tener Dios otra vez y peste y pánico.
No quiero morir esta noche,
es mi cumpleaños 90,
dice entre lágrimas y estornudos
la vecina que adopta perros y gatos
y se los come.
Mi nieto saldrá del submarino
y vendrá a cenar con su abuela esta noche.
Debo cocinar y esperar. Y esperar.
Llegará tarde mi nieto, el submarino está lejos.
Me traerá un pulpo enorme de regalo
o una bolsa llena de anguilas eléctricas.
No sé cocinar esas cosas, jamás he aprendido.
Le daré las gracias y lo abrazaré como nunca.
Estoy contenta, yo no puedo morir esta noche.
(Fuente: Meta Poesía)
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