
𝐀 𝐦𝐢 𝐥𝐞𝐜𝐭𝐨𝐫 𝐜𝐢𝐫𝐜𝐮𝐧𝐬𝐭𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚𝐥
Obligado a escribir día tras día,
lo escrito, la Cosa escrita, nunca
es definitiva: se sigue haciendo
fuera de mí, lector, en tu lectura.
No perdura.
¿Qué ley seguir? ¿Cuál voz oír?
¿La tuya? Sos vos, domesticado,
mitad del corazón arrojado al frío
y a la lluvia, minúscula memoria,
la Cosa misma fallida, apartada,
degradada en un pecho hipotético.
Oscuro, claro, poético, prosaico.
Las ventanas cerradas, la casa
vacía, sin cadáveres: fijate
en las paredes oxidadas. Filtran
la lluvia. Ahí guardo el pasado.
Pero todo se puede retocar,
hasta un Botticelli o un
ostinato de Schumann.
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