El bosque de las cosas
Nunca están todas las cosas en su sitio.
Ni antes ni después de la tormenta. Siempre
hay un desborde una arruga un pliegue
fuera de lugar. Una vez sola –a veces–
se juntan la aguja del reloj que da la hora
con el eje del minutero y del segundo.
Pero una sola vez. Y no se advierte.
Porque aquel aire que fue primero brisa
luego ventisca o ráfaga o tornado
no vuelve más al aire. Y el ventarrón
arranca la careta feliz de la sonrisa y muestra
la mueca del dolor y el disimulo
la raja de la angustia electrizada
la que se esconde la que no se nombra
la que se calla la que no se escribe
–pudor vergüenza miedo rebeldía–
la que aparece cuando el verso llega
sin llamarlo y pretende oficiar de bálsamo
o consuelo en tanto el escudero que lo blande
no lo quiere ni blando ni manso ni sereno
porque en combate singular será feroz
torrentoso en combatida antemural filoso
como punta de flecha como lanza venablo
daga sable puñal tijera espada
que destripe el torpe remiendo de la máscara
para mostrar al descubierto al descampado
a cara limpia sin afeites ni adorno
la desdentada faz de la intemperie.
Porque nunca vuelven las cosas a su sitio.
Alguna vez –alguna– forman un círculo
el círculo del bosque. Y desafiando
la ley de la gravedad un chorro de agua
se eleva se sostiene y canta. Es una fuente
un surtidor oculto una vertiente un río.
O acaso nada más un caño roto.
Aquí
la nombro fuente
pues necesito soñar el manantial.
El vuelo de la torcaz borda la siesta
con hilo delicado
al tejido del bosque va hilvanando
el tiempo y el espacio de las cosas.
Veían su reposo los cirios encendidos
–sin principio ni fin–
en el regazo sosegado de su Gracia.
A Leonardo Garet y a Selva Casal.
De El bosque de las cosas – 2006
Rapiña
La Ausencia es una rapiña
un arrancón un hueco un arrebato
es el sordo alarido de los mudos
es un relincho ciego un niño muerto
un ángel quemándose en el aire
es un caballo desbocado sin corcel ni jinete
es una araña roja pespunteada de negro
es el lugar donde existió un latido
un corazón en redoblante
un estallido de campanas
un huracán una tormenta
una brisa una caricia una voz
y luego
ahora
un eco sin comienzo sin fin y sin sonido
De La Sagrada Familia – 2010
Helena
Soy Helena.
La más odiada de todas las mujeres.
La más amada.
Por mi pasión se derrumbaron
murallas y guerreros. Torres erguidas
invencibles, mordieron el olvido. Yo,
sola, les salvé la memoria.
Con el polvo se confundieron
el trono la corona y el cetro.
Todo el orgullo cedió a la pasión bella.
Voló con el humo la ciudad poderosa
la más alta la que ostentaba
la indestructible almena.
Me culparon de todo. Me otorgaron de todo.
Me privaron de todo. De nada me arrepiento
de aquello que me acusan. Fui la única
que amó con desmesura. Soy la que más amó.
Y fui la más amada. Preferí
la gloria del tálamo a la ternura de mis hijos.
De nada me arrepiento. Soy la más puta,
y acaso la más santa. Ofrendé a mis dioses
mi gracia y mi desgracia.
Mi amante fue el más bello cobarde
que Troya me brindara. Plantó en medio
de mi lecho el árbol del jazmín. Y floreció.
Él es el más hermoso,
más aún que la espuma del mar.
Igual a un dios en la batalla o en su sueño.
Mató al tiempo cuando duerme,
en el jardín de su vigilia lo detiene,
mientras yo tejo cuentos y canciones que luego
cantarán los niños y pastores
entre riscos y cabras montañeras.
El juicio de los siglos tal vez me absolverá.
Fui tan perdida así como ganada.
De nada me arrepiento.
Soy la que más amó.
Y fui la más amada.
De Parecido a la noche – 2013
(Fuente: Henderson Espinosa)
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