Vine a Berlín escapando de los tigres.
Escapé de los tigres
alimenté a las chinches
comido vivo fui
por las mediocridades.
Bertolt Brecht
Vine a Berlín escapando de los tigres.
Arrastré mi mala orientación
por sus calles hasta Dorotheenstadt.
Te descubro junto a Helene,
haciendo esquina, y los monolitos
apoyados en la tapia del cementerio
ya sin el «sau jud»
que encontró un jardinero
la mañana del 6 de mayo de 1990.
En la parcela se afianzan
los crisantemos de tu vientre.
Cojo un taxi al 125 de Chausseestrasse
pasando por Theater am Schiffbauerdamm
—Robert Wilson dirige Madre coraje
el próximo 6 y 7 de mayo—.
En el apartamento continúan intactos
los daguerrotipos de Marx y Engels,
el retrato de Lenin, sus obras completas,
y el poema de Mao.
Después he descubierto una taberna
—como la isla descubre un náufrago
tendido en su orilla—,
bebo cerveza hasta que despierta,
sigilosa, la noche. Luego he caminado
al hotel pensando que también anochecía en Granada
—pensando que hubiera sido mejor quedarme allí,
leyendo tu poema a los hombres futuros—
pero un manzano en flor me incita
a cometer un crimen en forma de poema.
Aquí me tienes,
frente a nuestra derrota,
escribiendo una misiva sin remitente.
De Berlín queda solo el viento
que paseaba por sus calles.
Hace el mismo frío que en 1956.
Quizá un poco menos.
Por lo demás, poco puedo contarte:
que han talado el chopo verde
de la Karlsplatz;
que en Mitte, Kreuzberg o Friedrichshain
solo se habla la lengua de Shakespeare
y que han caído todos los muros
—salvo el de clase—.
David Ferrez. Esta casa que soy. Aliar Ediciones, 2026
(Fuente: Voces del extremo)

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