Hay que estar de buen ánimo,
señores, las palabras hermosísimas,
listo el corazón –mientras ustedes
hablan pueden imaginar los
movimientos de esta lengua
cristalizarse-, para rever que
toda actividad poética ha
consistido en, a casi setecientas
millas de casa, bajo la verdísima
sombra de este Aguaribay y con
los opuestos cerrando perfectamente
a ambos lados del puente, disuadirse
de las felicidades del sueño.
De buen ánimo, hermosísimo el
corazón, reveladas unas dos o tres
ideas, -el estupor debe quedarse
adherido a los fondos- poner sobre
los bancos de plaza estas palabras, y
ver alegremente a los perros trabajar
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