11 - la fuerza
Mirando hacia otro lado como quien, suele decirse, no quiere la cosa, abrile gentilmente con los dedos la boca al animal de compañía que tenés a los pies, del que surgiste y brota de tu sexo, para que hable, ventrílocua, la fuerza: un caprichoso impulso de la sangre que, montada a su velocidad, se desvanece y se reintegra como un viento suave a la respiración. Cerrá la boca.
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)
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