viernes, 27 de marzo de 2026

Diego Brando (Córdoba, 1987)

 

 

 

MOSCA POSADA SOBRE UN VASO ROTO



*

Entre tomar aire y exhalar

la totalidad del mundo. Como furias,

mastines detrás de una presa demasiado

veloz. Ruidos de fondo, frecuencias,

llovizna. La presencia sobre lo que

no existe, pero ocupa la mente.

Voracidad y una inquietud de mármol.

O como un cuadro que no se comprende.

*

Darse cuenta de vivir en el error puede traer

fantasmas del pasado, una acumulación de pesadillas,

la seguridad de haber conducido a la familia al lado oscuro

del río. No se comprende el mundo desde el silencio

y tampoco se lo imagina sin sus cadáveres. Aquí la piel                     

al calor de la arena, las disculpas y el anzuelo en busca

de un pez que lleve la carnada al fondo; y que el paisaje

se disipe como quien grita desde un puente, tierra

en movimiento por el discurrir de los insectos. Buscaba

la noche y apareció el desierto, manos en la arena, huesos.

*

Una incertidumbre diferente cada día,

la del extranjero que visita sitios en donde un edificio,

un lago y una autopista pueden resultar extraños;

así la punzada de una lanza en mi costado.

Suena todo alrededor, aunque solo sea silencio o aire

en donde se medite una alternativa a las palabras,

al bosque alrededor del barro. Y bajo la parra el rayo

quemando cada hueso que da su cara al sol, la intermitencia

de los insectos. Aquí la verdad solapada, una evidencia,

cabras que aparecen en sueños, la pesadez del mundo.

*

Aquí la maleza sostiene

árboles, distantes aunque cercanos

como gacelas que atrae la mente.

En todo su esplendor el delirio

parte de un recuerdo;

y en la sangre y en el sudor brotan

pensamientos que de ser ciertos

darían miedo. Si ustedes tan solo vieran,

es como si se creara de nuevo el mundo.

*

Mosca posada sobre un

vaso roto y el vacío

de la mente, una pulsión

hacia lo perfecto e inacabado.

Y detrás plantas, un limonero,

reptiles del período Triásico,

en una selva donde

desperdigados los objetos

causan esplendor, bestias

púrpuras. Y la obsolescencia del ser,

sus miasmas y su comprensión

de lo sensible hasta despertar

a los gritos o en silencio.

Abiertas las compuertas, puede

venir fría el agua y traer calma

o escalofríos de música pagana,

aunque el sol agriete la piel

y el barro y den las horas

su mueca de víspera, su canto.

*

¿Qué voz oír cuando

el aire es frío

y la niebla un animal?

.

En los pliegues

de la noche

se ilumina el día,

.

astros penden

y la luz

que deviene sangre

.

es lo opaco del viento

en donde

aparece un hombre,

.

y en sus pupilas

la forma del mundo

en donde todo fuego cabe.

*

Hubo aquí belleza y telas que envolvieron árboles

y hombres percutidos por el frío; y dentro de nosotros

las melodías del cangrejo en su vuelta a las aguas,

al borde mismo de los acantilados y sus rocas, voces

que hicieron de la mente su morada, el acto de una

intuición hecha a medida de lo alucinado. Llantos

en ceremonias de sal, puras de tanto detenerse

contra el suelo a esperar el ocaso, su desborde.

*

Después de (disculpas) haber dejado

la casa y la psiquis de mis seres queridos

hechas escombros y (también) polvo,

tengo el deseo de construir. Aunque

el presente sea polvo y escombros

y el futuro un agua de río que corre

a trasmano de los campos y el ganado,

la idea en mi cabeza surge reluciente.

Porque hasta aquí llegué (disculpen)

a rastras y no de una forma al menos

elegante; hubo errores, un manicomio

repleto de fantasmas, (hubo, señores) realmente

calamidades y formas de morir.

Y quiero, con el fervor de quien decide

qué hacer de ahora en más, dar el salto.

(Cerca se escucha la risa de las aves).

Porque hay un comienzo y un final y en medio

una montaña (disculpen) de cadáveres.

*

Hojas que el viento trajo

hasta la sombra de un árbol

mueren como perlas en el fondo

de un mar iluminado.

Y el correr de la arena

hacia la playa trae

el color confuso de los peces;

joyas que el sol muestra

ante la aparición de las estrellas.

Mundo que no comprendo y amo.

***

Los poemas presentados pertenecen al libro Un cuadro que no se comprende, Diego Brando (Vilnius Editora, 2025)

 

(Fuente: Música rara) 

No hay comentarios:

Publicar un comentario