viernes, 27 de marzo de 2026

Adrienne Rich (Baltimore, Maryland, EEUU, 16 mayo 1929–Santa Mónica, California, 27 marzo 2012)

 

 

 


DESPUÉS DEL ANOCHECER 

 

I
Te vas adormeciendo, y yo, sentada,
te observo, anciano, viejo árbol de vida,
cuya muerte he deseado.
Ya no podré recobrarte. 
 
Débilmente, una aguja de fonógrafo
gira en el último surco
y muele a polvo mi alma.
—¡Disco terrible! Cómo sonó 
 
en todos mis años, en todo lugar en que estuve,
aun en las lenguas extrañas,
todo el tiempo: —te conozco mejor
 
que tú te
conozco, hasta que, cojeando, herida por mi mano,
arranqué mi raíz y me alejé.
Por todo un año no canté,
logré un cuerpo nuevo, un aire nuevo,
niños; croé en busca de palabras,
olvidé cómo oír 
 
o leer tu mene tekel, que se iba borrando del muro.
Una mañana desperté
y supe que era tu hija.
La sangre es un veneno sagrado. 
 
Ahora, sin que te lo pida, cedes.
Solo queremos ahogar
lo que nos está ahogando.
Viva de pies a cabeza, daría,
ay, lo que fuera por negar
que esta lucha está acabando.
Pareciera que te acuno
en mis manos mientras te vas alejando. 
 
Cuando tu recuerdo se ausenta
—ya sin fustigar mis faltas—
se vuelan las venecianas en el mundo
y una ventana de golpe 
 
se cierra. Saco una astilla
de la leña
para trabar la veneciana,
me erijo en protectora del mundo. 
 
 
II
—Dejemos ya esta cárcel
—¡convulsiones subterráneas!—
Antes me encogía en esta tumba
que por ti había abierto,
y me mordía la lengua por no decir
—Te quiero—.
Creí que un día sería hallada
recta ahí, sentada, una momia 
 
con el pelo como raíces caído en el regazo,
rodeada de tiestos rotos
—libaciones perdidas—,
y tú a mi vera embalsamado. 
 
No, salgamos de esto. Aún existe
una vereda de olmos sentenciados
(de una clase que ya pronto no veremos)
y algo más —hierba, agua—, 
 
una antigua foto, un ensueño.
Ahí, a tu lado, si lo quieres,
retaré tu sabiduría,
hasta que el tosco lanchón 
 
llegue arañando la orilla.
Al anochecer, llamas humeantes,
las amapolas arden.
Tal vez ya no logras vislumbrarme 
 
pero —este es el sueño—,
de pronto tus miedos se apagan,
y vuelan sobre las aguas.
Y siento por fin tu mano. 
 
(Traducción: Ricardo Ulloa Garay, costarricense)
 
The Fact of a Doorframe: Poems Selected and New (1984)
En: Ricardo Ulloa Garay y Gerardo César Hurtado
Poetas del siglo XX en lengua inglesa: nuevas traducciones (2005)
San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005, pp. 181-183
 

(Fuente: Óscar Limache) 

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