EL OLVIDO
El olvido entra sin golpear.
No trae valijas.
No avisa.
Se sienta al lado nuestro
como un pariente lejano
que nadie recuerda haber invitado.
Primero se lleva las llaves.
Después el nombre del vecino…
el motivo por el cual uno entró a la cocina…
Y más tarde… te llevará a estar diciendo:
-Perdón, ¿de qué estábamos hablando?
La memoria protesta al principio,
se indigna, se ejercita,
y entre otras cosas,
amenaza con tener archivos ordenados.
Pero pronto descubre
que no recuerda dónde los guardó.
Hay una tristeza elegante en el olvido.
Una renuncia lenta,
como cuando los árboles dejan caer las hojas
sin hacer escándalo.
El pasado se vuelve liviano,
pierde peso específico,
y comienza a flotar
como una bolsa
que se la lleva el viento.
Aunque a veces exagera
y nos deja en blanco el nombre de una calle.
Olvidar es una forma de desaparecer
sin mudarse.
Un ensayo general de la ausencia
en cámara lenta.
Y ahora...
no recuerdo cómo tenía pensado
cerrar este poema.
Pero sospecho
que lo he de terminar
como alguien que busca una palabra
que está en la punta de la lengua
y decide dejarla ahí;
porque el silencio,
también necesita
tener su oportunidad.
Luis Alposta
No trae valijas.
No avisa.
Se sienta al lado nuestro
como un pariente lejano
que nadie recuerda haber invitado.
Primero se lleva las llaves.
Después el nombre del vecino…
el motivo por el cual uno entró a la cocina…
Y más tarde… te llevará a estar diciendo:
-Perdón, ¿de qué estábamos hablando?
La memoria protesta al principio,
se indigna, se ejercita,
y entre otras cosas,
amenaza con tener archivos ordenados.
Pero pronto descubre
que no recuerda dónde los guardó.
Hay una tristeza elegante en el olvido.
Una renuncia lenta,
como cuando los árboles dejan caer las hojas
sin hacer escándalo.
El pasado se vuelve liviano,
pierde peso específico,
y comienza a flotar
como una bolsa
que se la lleva el viento.
Aunque a veces exagera
y nos deja en blanco el nombre de una calle.
Olvidar es una forma de desaparecer
sin mudarse.
Un ensayo general de la ausencia
en cámara lenta.
Y ahora...
no recuerdo cómo tenía pensado
cerrar este poema.
Pero sospecho
que lo he de terminar
como alguien que busca una palabra
que está en la punta de la lengua
y decide dejarla ahí;
porque el silencio,
también necesita
tener su oportunidad.
Luis Alposta
(Fuente: Mosaicos porteños)

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