viernes, 27 de marzo de 2026

Francis Ponge (Francia, 1899 - 1988)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de sobretodo 

 

LA OSTRA 

 

La ostra, del grosor de un guijarro mediano, es de una apariencia más rugosa, de un color menos unido, brillantemente blancuzco. Es un mundo tercamente cerrado. Sin embargo, uno puede abrirla: hay que sostenerla entonces en el hueco de un trapo, servirse de un cuchillo mellado y poco franco, insistir varias veces. Los dedos curiosos se cortan, se parten las uñas: es un trabajo grosero. Los golpes que uno le da marcan su envoltura con redondeles blancos. En su interior uno encuentra todo un mundo para beber y comer: bajo un firmamento (hablando con propiedad) de nácar, los cielos de arriba se desploman sobre los cielos de abajo, para formar tan solo un charco. Un saquito viscoso y verdoso que fluye y refluye al olfato y a la vista, franjeado de un encaje negruzco en los bordes. A veces, en su gaznate de nácar, perla una muy rara fórmula que, enseguida, uno encuentra que sirve para adornarse.
 
 
 

EL FUEGO 

 

El fuego hace una ordenación: primero todas las llamas se dirigen en cierto sentido…
 
(Uno no puede comparar el andar del fuego sino con el de los animales: tiene que dejar un sitio para ocupar otro; camina a la vez como una amiba y como una jirafa, brinca con el cuello, repta con el pie)…
 
Luego, mientras las masas contaminadas con método se derrumban, los gases que se escapan van siendo transformados en una sola rampa de mariposas.
 
 
 

EL MUSGO 

 

Las patrullas de la vegetación se detuvieron antaño sobre la estupefacción de las rocas. Mil palitos del terciopelo de seda sentáronse entonces en posición de sastre.
 
Desde entonces, desde la aparente crispación del musgo adherido a la roca con sus lictores, en el mundo apresado en un enredo inextricable y atascado ahí abajo, todo se atropella, patalea, se sofoca.
 
Y no sólo eso, los pelos han crecido; con el tiempo todo se ha ensombrecido aún más.
 
¡Oh preocupaciones de pelos cada vez más largos! Los profundos tapices, en posición de ruego cuando uno se les sienta encima, se levantan hoy con aspiraciones confusas. Así tienen lugar no sólo sofocaciones sino también ahogamientos.
 
Ahora bien, escalpar simplemente de la vieja roca austera y sólida esos terrenos de felpa, esos felpudos húmedos, por saturación se hace posible.
 

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

No hay comentarios:

Publicar un comentario