lunes, 7 de agosto de 2023

Roberto Daniel Malatesta (Santa Fe, Argentina, 1961)

 


AYER DEJÉ SOLO
 

Ayer dejé solo, una vez más,
a mi hijo en la sala de cuidados intensivos.
El turno acabó, dijo el enfermero.
cortésmente pero firme, como quien
cumple con su dura tarea.
Yo me pregunté cuál era
la mía en este mundo
asentado sobre vidrio molido,
cuál la de él, mi hijo solo,
entre sábanas, tubos asépticos
y el silencio empozado en sus ojos buenos.
 

EL DÍA CLARO
 

Da miedo tanta claridad,
el día es perfecto y el pez
de aguas oscuras desconfía.
Día de suave brisa en el que no hay
preocupaciones ni motivos
para quejarse; pero el pez,
pero el que encorva el lomo acostumbrado
a los palazos, ese,
tal como un chico sin permiso
observa para un lado, observa para el otro,
apura la carrera
y temeroso cruza
la desierta avenida.
 
 

NO FUE LO QUE SE DICE UN PASEO

 
No fue lo que se dice un paseo grato
este viaje en el tiempo. Por pedido del médico
agrupé año tras año, los estudios de mi hijo.
Fechas, ciudades, clínicas,
un verdadero mapa del dolor.
No fue un paseo bello, ni un entretenimiento
para un día domingo, pero tuve que hacerlo
como se hace en la vida:
con sangre de la buena y sangre de la mala.
Se hace nomás, no se pregunta, y vino,
imprevisto, el recuerdo de mi abuela fregando
la ropa en el invierno, las curtidas manos,
soplos de un viento frío y la espuma más blanca.
 
 
 
“El que bruñe la piedra de la gracia” (Ediciones La Piedra de la Gracia, 2023)
 
 
(Fuente: César Cantoni)

 

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