10 poemas del libro HOY TOMARÉ EL VERMUT
CONFINAMIENTO
Cada mañana pienso en ellas.
Encerradas
sin otra protección
que el hipotético buen humor
de sus verdugos
sin poder volar hacia otro mundo.
Las veo con un nudo en la garganta,
con un miedo lacerante
a ese posible error imperceptible
que despierte a la bestia.
No valdrá una disculpa.
Ni un sin querer valdrá.
Después…
Tal vez no haya un después.
EL ULTIMO AUTOBÚS
Estoy sola en el fondo.
Un hombre se sienta a mi lado.
Su mirada me sobrecoge.
Bajo del bus y vuelo.
Llego a casa.
Mi gata me espera tras la puerta.
Su ronroneo compensa
este día de mierda.
CUENTO
Me recuerdan la fábula
El principito y la Rosa.
No lo escucho.
Lo sé de memoria
y aunque Saint-Exúpery
siempre es un revulsivo,
hay edades románticas,
edades de ensueños,
edades con prisas.
Todo pasa.
Pero nunca,
nunca
habrá una edad
para dejar de volar.
CANSANCIO
Pero todo cambia.
De repente los pasos se hacen torpes,
se olvidan las ganas.
Tan sólo unos minutos
eternamente largos
minan el espíritu.
Ante la desidia,
cercenadas mis alas
por la quietud de los años,
hoy tomaré el vermut.
EDAD
Aparece tras el cristal
la imagen de la duda.
Su desnudez me asusta.
La muchacha que fui
quiere decirme algo.
No reconozco su voz.
Su vuelo ya no me pertenece.
LEGADO
La palabra:
Lo único que dejaré a mis hijos.
Podría ser que entonces
se dignen a leer lo que escribí.
Podría ser que el vuelo de mis versos
les sirva para algo.
La poesía es como la nieve:
el tiempo la derrite.
Para muchos
lo que importa es lo material
y la palabra es efímera.
No habrá dios que la invoque.
OTROS TIEMPOS
Nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.
Charles Bukowski
Echo la vista atrás.
Veo la nada.
A pesar de tanto sobresalto.
Nada.
A pesar de trompicones
en caminos empedrados.
Nada.
Escucho amaneceres.
Las urracas graznan de tristeza.
Luto por los recuerdos
que son la nada.
Nací la última.
Si hubiera sido niño,
sería el casi todo.
Pero nací mujer.
Tuve que conformarme
con la condescendencia,
el silencio,
siseos sospechosos.
La callada inquietud de los secretos.
El sueño de volar.
Después
la nada.
MUTISMO
Éramos ovejas
con el pánico pegado en el rostro.
Educadas para ser madres o monjas.
Los terrores nocturnos del pecado,
el miedo a la muerte sin una confesión.
El rosario y las clases de costura.
Nos cortaron las alas.
La política era tabú,
La rebeldía, una amenaza.
Éramos ovejas,
lanzadas al albur
de maridos ociosos.
MI MADRE
Quería ser modista.
Mi abuelo le llamó señorita.
Sus incipientes alas
quedaron reducidas a la nada.
Se marchó a Barcelona.
Después de mil pesares,
hambre, sueño, miseria…,
la empleó una señora
que sólo la explotaba
18 horas diarias.
Criaba a los dos niños,
le enseñaron modales,
aprendió a cocinar
y a rendir pleitesía.
Una casa excelente
en Paseo de Gracia.
MI ABUELA
Tuvo doce hijos.
Seis de ellos murieron a corta edad
por causas naturales:
fiebres tifoideas,
cólicos misereres.
Así eran los diagnósticos.
Su mundo era la casa,
el campo en la cosecha,
la venta de verduras en su puerta.
De sempiterno luto,
con un gran moño blanco,
nunca se planteó otra vida.
Las casas de los pobres
carecían de sueños.
Nadie le concedió unas alas.
Montse Grao. Hoy tomaré el vermut. Ed. Nautilus, 2023
(Fuente: Voces del extremo)
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