
LA GORRA
que salía todas las mañanas de mi cómoda.
Le pregunté qué se sentía ver el mundo
desde tan abajo y me dijo
que aunque fuese pequeña,
venía viajando desde Kazán,
que había cruzado el océano
con su compañera en la gorra
de un capitán ruso.
Me comentó que migraron al país
por conflictos ideológicos
teológicos, geográficos
se animó
a opinar al respecto.
Dijo que nuestro mal no es la extensión
sino que pensamos que los pequeños
siempre van a mirar desde abajo.
(Fuente: Daniel Rafalovich)
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