sábado, 12 de agosto de 2023

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947)

 

Mi viejo
desconocía la razón áurea,
el número 1 seguido de seis decimales,
los cuatro dedos que hacen un codo,
el esqueleto del peregrinaje amoroso
que Dante dijo cierto y lo será,
y esas cosas que se arrogan el sentido
y el momento extraviado
del hombre sulla terra.
Cuando se le dio por concurrir
a la biblioteca comunal
para desburrarse
de tantas inquinas dudosas,
lo agarró la guerra
y se lo llevó
como un viento goloso
que embolsa y embrolla un papel
y lo mete a la urna
donde flamean las catástrofes
y se revuelven los peores eolos.
Durante la afectuosísima permanencia
en un campo de trabajos forzados
no tuvo noticias de Bach o Beethoven,
menos de Schiller y Goethe,
y apenas pudo respirar un poco de vida
en aquella fábrica de caucho
que le cegó un ojo,
le ahumó los pulmones,
lo convirtió en un pingajo
hipocalórico,
le dobló la cintura y el alma
para siempre
y le causó horrores
ni perdidos ni ganados.
 
Esto fue desde 1943
hasta muy mediados del 45
preludiando la Era de Acuario.
 

- Inédito -

 

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