sábado, 20 de marzo de 2021

Néstor Mux (La Plata, Buenos Aires, 1945)

 

 

Nadie le pide que escriba

Nunca llegará hasta la casa
en la que no es esperado.

No habla si no le piden opinión
porque entiende que la palabra
no modifica la historia
y en algunos casos puede ser
invasión al otro,
como de intruso que atropella la puerta.

Tampoco, nadie le pide que escriba.
No obstante, cuando nadie lo ve,
cuando todos están lejos
–con su confusión y sus convicciones,
con su sombra y sus jardines–
él coloca en la máquina el papel en blanco
como una forma de desobediencia,
de alivio o de revancha.


Vals anónimo

Curioso vals
el de la existencia

nos llevó y nos trajo

del estado de gracia fugaz
dejó la culpa

envolvió los sueños
con los trapos de la ruina

nos amontonó –para alentarnos–
pero terminamos solos.


40 años después

¿Era sólo arrogancia
la de aquellos muchachos que juntos
desafiaban el mundo que ignoraban?

¿Es felicidad la de esta mujer y este hombre
que en su condición de conocedores
de la común existencia
se tantean como por primera vez?

Reencontrados
o por último, reencontrados de verdad.

La vida misteriosamente
parece seguir diciendo
algo por nosotros.


Presentación de libro

Son dos los que danzan.
José María Pallaoro

Marcelo Vernet pone su nuevo libro
a consideración de nosotros.
Gil Soria, fraternal, dice los versos
con una bufanda roja.
A los brindis, el pianista desgrana
Ojos negros de Vicente Greco
y nosotros salimos a bailar.
Apretados, uno al otro,
como en un naufragio inofensivo
El aliento íntimo de la música
parece convencernos que no es la primera vez
que nos lanzamos juntos.
De alguna manera venimos girando
desde el fondo de una historia
que no pudo destruirnos.
Y cuando los amigos condescienden al aplauso
sentimos alcanzar la orilla.


Mundos

Para sobrevivir es necesario
fuerza o ironía o cinismo.
Me inclino a creer que ella haya optado
por la fuerza porque al despertar
vuelve a empujar las cosas del día
y el mundo le retribuye esperanza.


Disculpas del irascible

En intimidad el irascible
entrega y recibe amor.
Afuera, en la realidad,
el irascible, como un derrotado,
grita contra el mundo.
Es posible que sangre por la herida.
Es posible que el amor
salve al irascible


Sueño con ella

Sin pudor alguno
entro a su casa
cargando artritis
prótesis dentaria
y tejido adiposo notorio.

Ella está detenida en el centro
de su juventud
y de su belleza invencible.

Y conversamos
como si nuestra historia
nunca se hubiera interrumpido.
Como si el mundo recomenzara.


Olores

En aquella época
mi padre se afeitaba
con una crema
de olor leve, único
y se iba a trabajar.

A veces sueño que lo espero
y que ese olor lo devuelve a casa.


Soñé que sentía

Soñé que sentía
el gusto
y el espesor de la esperanza

que volvía a escuchar
a los otros
como en un principio

que mal o bien, era parte de un todo

que lograba una página decente

que los brazos de ella
me abrazaban
y el corazón –sin temores–
ardía otra vez.


En la horizontalidad final

Sin razón alguna
tengo puestos unos zapatos sin uso.

Con los ojos abiertos
vería el techo
de una sala desconocida.

No oigo mi voz
ni las voces de los otros.

Todo indicaría
que esto fue todo
y la canción ha terminado.
 
 

Fuente: Nadie le pide que escriba, Néstor Mux, Libros de la talita dorada, City Bell, 2019.
 
 
 
(Fuente: Los poetas no van al cielo)


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