Nadie le pide que escriba
Nunca llegará hasta la
casa
en la que no es
esperado.
No habla si no le
piden opinión
porque entiende que la
palabra
no modifica la
historia
y en algunos casos
puede ser
invasión al otro,
como de intruso que
atropella la puerta.
Tampoco, nadie le pide
que escriba.
No obstante, cuando
nadie lo ve,
cuando todos están
lejos
–con su confusión y
sus convicciones,
con su sombra y sus
jardines–
él coloca en la
máquina el papel en blanco
como una forma de desobediencia,
de alivio o de
revancha.
Vals anónimo
Curioso vals
el de la existencia
nos llevó y nos trajo
del estado de gracia
fugaz
dejó la culpa
envolvió los sueños
con los trapos de la
ruina
nos amontonó –para
alentarnos–
pero terminamos solos.
40 años después
¿Era sólo arrogancia
la de aquellos
muchachos que juntos
desafiaban el mundo
que ignoraban?
¿Es felicidad la de
esta mujer y este hombre
que en su condición de
conocedores
de la común existencia
se tantean como por
primera vez?
Reencontrados
o por último,
reencontrados de verdad.
La vida
misteriosamente
parece seguir diciendo
algo por nosotros.
Presentación de libro
Son dos los que
danzan.
José María Pallaoro
Marcelo Vernet pone su
nuevo libro
a consideración de
nosotros.
Gil Soria, fraternal,
dice los versos
con una bufanda roja.
A los brindis, el
pianista desgrana
Ojos negros de Vicente Greco
y nosotros salimos a
bailar.
Apretados, uno al
otro,
como en un naufragio
inofensivo
El aliento íntimo de
la música
parece convencernos
que no es la primera vez
que nos lanzamos
juntos.
De alguna manera
venimos girando
desde el fondo de una
historia
que no pudo
destruirnos.
Y cuando los amigos
condescienden al aplauso
sentimos alcanzar la
orilla.
Mundos
Para sobrevivir es
necesario
fuerza o ironía o
cinismo.
Me inclino a creer que
ella haya optado
por la fuerza porque
al despertar
vuelve a empujar las
cosas del día
y el mundo le
retribuye esperanza.
Disculpas del irascible
En intimidad el
irascible
entrega y recibe amor.
Afuera, en la
realidad,
el irascible, como un
derrotado,
grita contra el mundo.
Es posible que sangre
por la herida.
Es posible que el amor
salve al irascible
Sueño con ella
Sin pudor alguno
entro a su casa
cargando artritis
prótesis dentaria
y tejido adiposo
notorio.
Ella está detenida en
el centro
de su juventud
y de su belleza
invencible.
Y conversamos
como si nuestra
historia
nunca se hubiera
interrumpido.
Como si el mundo
recomenzara.
Olores
En aquella época
mi padre se afeitaba
con una crema
de olor leve, único
y se iba a trabajar.
A veces sueño que lo
espero
y que ese olor lo
devuelve a casa.
Soñé que sentía
Soñé que sentía
el gusto
y el espesor de la
esperanza
que volvía a escuchar
a los otros
como en un principio
que mal o bien, era
parte de un todo
que lograba una página
decente
que los brazos de ella
me abrazaban
y el corazón –sin
temores–
ardía otra vez.
En la horizontalidad final
Sin razón alguna
tengo puestos unos
zapatos sin uso.
Con los ojos abiertos
vería el techo
de una sala
desconocida.
No oigo mi voz
ni las voces de los
otros.
Todo indicaría
que esto fue todo
y la canción ha
terminado.
Fuente: Nadie le pide que escriba, Néstor Mux, Libros de la
talita dorada, City Bell, 2019.
(Fuente: Los poetas no van al cielo)
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