lunes, 23 de marzo de 2026

Sebastián Jaka (Buenos Aires)

 

 

888.

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Menos galgos
Más cusquitos
Perros de nadie apostados ahí,
El centro de la rotonda
Viendo las Amaroks
y las Hilux pasar.
.
Ahora los galgos corren fuera de
Su vida de galgos
De su hacer de galgo
Que es tan parecido el uno
Del otro
Que se confunden
Hasta morderse la propia cola
Pensando que es la de otro galgo
Y así, juntos
Formar una cinta de Moebius
Un portal
O una nave.
.
Entonces viajan por las estrellas
Las galaxias
Los planetas como huesos robados de bolsas de polietileno
De otros galgos muertos por las Hilux
o las Amaroks
Tiradas ahí, en la banquina
Resucitados ahora en
el Cristo de los galgos
que no se diferencia de los demás galgos
de ninguna manera en particular.
.
Y en las Pléyades
Se convierten en dioses rubios
Cada uno con su trono y su reino de estrellas
Y se llaman a sí mismos Metatrón:
¡Ah, el ladrido perfecto, la mordida artera, hijaputa,
la precisa balística del galgo!
.
Mientras tanto acá, en la rotonda
Los cusquitos adolecen de todo
De hambre, de lluvia, de complejo de clase
(el galgo, aunque silvestre, viene de una antigua estirpe
persa o egipcia)
Pero más que nada, los cusquitos adolecen de libertad,
Y es por el sustrato de esa adolescencia
que odian
Con tanta fuerza
como aman.
.
Los galgos, en cambio
de tan flacos
Saben que están hechos
Para vivir en el espacio
Por eso ven la vida como un equívoco tan
Grande, que cuando una Amarok o una
Hilux se carga alguno
Sienten una especie de envidia
Y miran las estrellas
Y si ven un cometa cruzar el
cielo
Dicen: “ahí está”.
 

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