PEQUEÑA ELEGÍA
Los amigos partieron. Mi amada duerme en la lejanía.
Y fuera hay una gran oscuridad.
Me digo palabras, son blancas por la lámpara,
y ya casi dormido
recuerdo a mi madre. El recuerdo otoñal.
En verdad, como el frío, como si yo supiera
todo lo que ahora sin duda hace mamá.
Está en casa, en su habitación. La estufa de mi infancia,
hacia la cual el caballito de balancín siempre conmigo trotará,
la estufa de mi infancia, que hace ya tiempo no se enciende.
Le da calor. A mamá. Mi mamá. Está silenciosa,
junta las manos, piensa en mi padre
que ya murió.
Y luego pela fruta para mí.
Estoy a su lado. Con ella. Sin duda nos verás,
Dios, cruel, que tanto nos quitaste.
¡Qué oscuridad hay fuera! ¿Qué es lo que decía?
Ah, ya sé, quería decir
por todas las horas, en las que dormí tranquilamente
y por todos los seres queridos que descansan,
que ahora, cuando llega el otoño
y todo, hasta los días, se acorta,
no sé estar solo, sólo con la lámpara que ilumina,
y que a pesar de haber sembrado la tierra
ya no viviré.
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en "Solo al atardecer", prólogo, traducción y notas de Clara Janés, Pre-Textos, Valencia, 1996. En la imagen, Jirí Orten (nacido Jirí Ohrenstein, Kutná Hora, República Checa, 1919-Praga, República Checa, 1942 / Pre-Textos)
(Fuente: Jonio González)
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