lunes, 23 de marzo de 2026

Héctor Berenguer (Rosario, 1948)

 

 

Arthur Rimbaud

 

No he amado
al hombre
solo amé
la sed que lo devora.
 
Esa cumbre
hecha
de arena y sangre,
sin otro mandato
que el olvido.
 
No he visto
otra cosa
que no sea
desierto
o el imposible
anhelo
de ser otro.
 
Amé también
la sed
que penetra
arrogante
en las fauces
de lo incierto.
 
Por cada línea
de mis manos
subió terrible
la llama del exilio.
 
Mí corazón
resistió
detrás de todos
los adioses.
 
¿Quién nos
impuso
esta voluntad
de consumación
y olvido ?
 
Muertos
los bellos dones
de lo inútil.
 
La tierra
está herida
de finalidad.
 
Nadie resiste ya,
la ardiente desmesura
de sus últimos
límites.
 
Así fue mi vida
sin tregua
y sin afanes.
 
Hasta agotarme
en el vientre
de todas las furias
 

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