Memoria fenicia
Se alimentan de ratas y beben agua que les dejan en un plato.
Un ángel de alas embarradas volaba sobre la calle Maza.
Descendió sobre mí y me dijo inefables palabras.
Entendí sin embargo por qué naufragaron cóncavas naos
en el Mediterráneo y otras fueron hundidas a cañonazos.
*
Mi vida en el arbusto de los fantasmas *
Mi vida en el arbusto de los fantasmas
fue mi vida en el Partido.
Éramos fantasmas de la Revolución
en una ciudad inmensa y pampa.
Fantasmas endocrinológicos de mala digestión,
noches de sueños colorados.
mástiles, barcos con la quilla en alto
en el Báltico.
Stalin con bigotes de nieve y barro.
Magaldi cantaba "no cantes que Olga no vuelve”
en un verano tórrido bajo los árboles en 1957,
explosivos plátanos verdes en el suburbio de Buenos Aires,
con moscones y heladeras a hielo
que engendraron al Hombre de la Barra de Hielo.
Nada de nieve.
Éramos fantasmas incomprendidos por "la masa".
O quizá la masa nos comprendía demasiado.
Un fantasma me dio miedo un invierno del setenta y algo,
el de Ostrovski, el que escribió Así se templó el acero.
Sangraba de la cabeza. Tenía un sable cosaco ensangrentado.
"En el norte", me dijo -para ellos, Siberia- "han avistado
un Objeto Volador No Identificado
y yo creo, me temo, la Revolución fue abducida
y ahora, a unos mil millones de kilómetros terrestres
de distancia,
la Revolución recorre el cielo."
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* My Life in The Bush of Ghosts, Brian Eno, David Byrne, 1981
Jorge Aulicino, "Poemas fantásticos y de ciencia ficción", inédito
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Imagen: La carga de la caballería roja, Kazimir Malevich, 1932
(Fuente: Jorge Aulicino Fb)
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