El interior de las rosas
¿Dónde hay, para este adentro,
un afuera? ¿A qué herida
colocarle esa gasa?
¿Qué cielos se reflajan
en el íntimo lago
de estas rosas abiertas,
despreocupadas?
Miralas, ahí tan sueltas en lo suelto,
como si no pudiese
derramarlas ninguna mano temblorosa.
Apenas se contienen a sí mismas;
muchas se permitieron
llenarse hasta tal punto que rebalsan
de su espacio interior, sobre los días
que se clausuran cada vez más llenos
hasta que al fin todo el verano
se convierte en una habitación,
en una habitación dentro de un sueño.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
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