martes, 12 de septiembre de 2023

Cecilia Pontorno (La Plata, Argentina)

 

UNA RESERVA DE BISONTES EN KENTUCKY

 

 
No me da lo mismo sentarme a la derecha que a la izquierda.
Después de unos minutos, ubicado a la derecha, el cuello
empieza a doler de una manera vergonzosa.
No muy lejos de allí, se mezcla el olor de las lavandas
con el marlboro en mi mano.
 
Otros son los hilos de hierro caliente que digitan el destino.
No de caucho, como tus ojos, siempre tus ojos,
viles y ciegos.
No voy a pedir perdón, no en mi casa de arena. No. 
 
Que vengan los amantes con sus muñecas rotas,
haremos una orgía de preguntas.
Desvelados sobre la mesa, envueltos en vodka puro,
enajenados, de espaldas a la muerte,
ese pájaro rojo sobre la boca, gimiendo barbaridades.
Mi carcelero.
 
En algún lugar de este ataúd dejé la parte más viva de mi cuerpo.
Una reserva de bisontes en Kentucky.
Pienso defender lo poco que queda,
una buena impresión por la mañana, una cabeza
humeante, una mesa para autopsias.
 
Deberías verme, condenada como los pájaros del trópico
a la brutalidad de los hombres.
Un pantano, que sería una escena grotesca a no ser por los turistas. 
 
A veces converso envuelta en correas de cuero, en un lugar
hipnótico para las mujeres como yo, de acento brusco
y demasiadas especulaciones.
La condena es evidente.
 
Luego, como animales inútiles, volverán a las grandes toneladas de excremento
en la comodidad de sus casas.
 
Lugares como este nacerán de entre los muertos.

 

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