Una extensa pradera blanca

Bajo el avatar siniestro de un correcto trazo, una imagen plástica
reniega de su espíritu. Calma y entroniza, falsa y encubierta, tiende
trampas rumbo al horizonte. Observa el artefacto mientras vuela, viene,
acercándose a velocidad mayúscula y cambiando levemente de sentido. La
cabeza se transforma en resonancia estrecha. Se vacía el centro del
lenguaje, se congela. Vierte la carcoma sobre el vidrio espeso. Enciende
el humo de las velas y la música se pierde en la distancia. Nada
importa, ni siquiera el asco de otro venerable adorador de santidades,
purgas y encomiables. El om, el absoluto, chillan las paredes, se
adormece el baile continuado en la trastienda. Reaparece el sol
envuelto en sedas negras. La luna ya se ha ido y nos quedamos atrapados
bajo el suave polvo de alquitrán, inmóviles, reflejando cada uno su
adicción, su propio lastre, su vehículo sagrado al centro, origen y
final.
en Seis mil relatos de ficción absurda, 1961
(Fuente: Go Ediciones blogspot)
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