ÉGLOGA XII-ii-PENUMBRA Y BLANCOR
ÉGLOGA XII
-ii-
PENUMBRA Y BLANCOR
Maderas nobles
feroz aridez
a manera expresionista,
el oculto robado
pero que en descubierto
se pilla,
atisbos ,
grandor a lo palpable
y palpable anillo auricular;
franco y pachango el fruto,
astringente rumbo,
y por doquier
espinas y secas ramas,
árboles que se dieron en llamar,
connatural potestad
o capricho lisonjero,
brea, chañar, alpataco,
quebracho chica,
tusca, algarrobo
(en razón de su morfología
afín al no-pariente colonizador
mediterráneo),
zampa, jume
y el poco penacho despeinado
de la celestosa coqueta chilenca
en ése, en aquél
claro al sol fiero blanco,
donde ralean jarillas, coirones
y amables piquillines
y sus jugosas pelotitas
que devoran lagartos, culebras
y lampalaguas,
como allí expían oraciones
cristianos viejos
y musulmanes manzanares.
Comentas y chuecas
del hielo que habla
y la escasa nieve
que tiene huecos umbilicales,
alientos apretados
y comensales curiosos,
tanto jinetes como peones
y porque lo Uno Está y Se atreve
y Es Dual y Múltiple Desgracia,
como que todo lo fabrica y no lo Es,
conforme la historia y el instante
extraviado de los años,
electrones y aceites bautismales,
no precisada circunstancia,
por tanto contradictor a medias,
descuaje violento,
atmósfera del arrugue,
preludio a la pasión germinativa,
consigo misma
y fuera de sí misma.
Y luego Se recluye,
encimados los brazos
mordientes de nucas,
al ayer y al hoy,
niega y renace,
cálido simio montaraz,
Se abatata
ante el plástico, el petróleo
y la inmundicia isómera
que los átomos arden en pirimías
y nervios,
como la rosa que pierde pétalos
a baño maría:
esfúmanse luzbeles y kerubes
que no han sido perdonados,
circularismo de asteriscos,
lo universal paranoico,
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y el paradójico enclave:
la tapera fustigada.
Post hoc,
ergo propter hoc.
Cien florecillas franciscanas
y cien más,
cianíferas inteligibles
sobre y sub al apetito de la hora nona,
triplicadas en el manto de la caca algarrobal.
Erguido monte
como santo protector,
atento pero no infalible,
casto bastón pendulando
donde la punta del viento
pide fuerza para morir
y boquea tembloroso
sus tobillos borrachos,
huidizo el pulmón enfisémico
que parece regarse de rumores bélicos,
fuego estival,
escarchas nutrientes de julio.
- Inédito-
(Fragmento)
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