NO CREO EN DIOS...
No creo en Dios porque nunca lo vi.
Si él quisiera que yo creyera en él,
vendría sin duda a hablar conmigo
y entraría por mi puerta adentro
diciéndome, ¡Aquí estoy!
(Tal vez es esto ridículo a los oídos
de quien, por no saber lo que es mirar las cosas,
no comprende a quien habla de ellas
con la forma de hablar que el observarlas enseña).
Pero si Dios es las flores y los árboles
y los montes y sol y la luna.
entonces creo en él,
entonces creo en él en todo instante
y mi vida toda es una oración y una misa,
y una comunión con los ojos y por los oídos.
Pero si Dios es los árboles y las flores
y los montes y la luna y el sol,
¿para qué lo llamo Dios?
Lo llamo flores y árboles y montes y sol y luna;
porque si él se hizo, para que yo lo vea,
sol y luna y flores y árboles y montes,
si él se me aparece como árboles y montes
y luna y sol y flores,
es que él quiere que lo conozca
como árboles y montes y flores y luna y sol.
Y por eso yo le obedezco
(¿qué más sé yo de Dios que Dios de sí mismo?),
le obedezco viviendo, espontáneamente,
como quien abre los ojos y ve,
y lo llamo luna y sol y flores y árboles y montes,
y lo amo sin pensar en él
y lo pienso viendo y oyendo,
y ando siempre con él.
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de "El guardador de rebaños", en "Poemas de Alberto Caeiro", Visor, Madrid, 1980. Introducción y traducción de Pablo del Barco. En la imagen, Fernando Pessoa (Lisboa, Portugal, 1888-1935 / Casa Fernando Pessoa)
Não acredito em Deus porque nunca o vi.
Se ele quisesse que eu acreditasse nele,
Sem dúvida que viria falar comigo
E entraria pela minha porta dentro
Dizendo-me, Aqui estou!
(Isto é talvez ridículo aos ouvidos
De quem, por não saber o que é olhar para as coisas,
Não compreende quem fala delas
Com o modo de falar que reparar para elas ensina.)
Mas se Deus é as flores e as árvores
E os montes e sol e o luar,
Então acredito nele,
Então acredito nele a toda a hora,
E a minha vida é toda uma oração e uma missa,
E uma comunhão com os olhos e pelos ouvidos.
Mas se Deus é as árvores e as flores
E os montes e o luar e o sol,
Para que lhe chamo eu Deus?
Chamo-lhe flores e árvores e montes e sol e luar;
Porque, se ele se fez, para eu o ver,
Sol e luar e flores e árvores e montes,
Se ele me aparece como sendo árvores e montes
E luar e sol e flores,
É que ele quer que eu o conheça
Como árvores e montes e flores e luar e sol.
E por isso eu obedeço-lhe,
(Que mais sei eu de Deus que Deus de si próprio?),
Obedeço-lhe a viver, espontaneamente,
Como quem abre os olhos e vê,
E chamo-lhe luar e sol e flores e árvores e montes,
E amo-o sem pensar nele,
E penso-o vendo e ouvindo,
E ando com ele a toda a hora.
(Fuente: Jonio González)
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