Lo que para estar, no está
Poesía no eres tú,
No lo es nadie.
Lo que el verso
Atrapa de lo inefable
Apenas sombra es,
Asomo, rasguño, aire.
No está aquí, sin duda,
Ni lo estará cuando
Estos trazos envejezcan,
Porque el tiempo no agrega,
Sólo quita lo que el presente
Creyó que era inmutable.
No se puede decir poesía
Porque es lo impronunciable:
Su lengua balbucea, a veces,
En la sospecha de una frase
Que, al volver, buscándola,
Resulta inencontrable.
Última frontera, confín
De un mundo que no conoce
Las palabras, pero que gusta
De montarse en ellas
Y pasar al nuestro
Por hacer fulgurar, sólo un instante,
Su relámpago en la mano,
Mientras su rayo lo descarga lejos
Y de aquel trueno, en el papel,
Burlón, apenas su silencio queda.
Sombra terrible cada tiempo
Siempre Aquiles debe morir
Para ser Aquiles y no el otro
Que en sus talones anduvo postergado.
Siempre los griegos vencer en Salamina,
A su pesar los persas donar en las Termópilas
La gloria a los bravos de Leónidas:
Época alguna piensa en lo que dice
Ni dice cuanto piensa.
A fin de cuentas
Lo demuestra el siglo:
Civilización y barbarie
Son lo mismo.
Papiros en la orilla
Alto, muy alto en esos ya pocos matorrales
Que hoy el descuido arranca o el remo abate
Sólo para abrirse camino hasta la calle,
Él y yo nos encontramos por primera vez.
Yo, un resultado de su gracia;
Él, humilde benefactor entre sus fibras.
De ese tallo sereno y seguro de sí mismo
Surgieron balbuceos, gritos y sentencias,
El decir insistente de los muertos
Dedos de los dos Plinios, la obsesión
De Aristóteles por todos y cada uno
De los seres y las cosas, la certeza inmortal
Que una y otra vez vio cambiar Heródoto,
La sorna de Aristófanes, cuanto quedó
De los sucesivos Homeros y mucho más
Que el fuego, el odio y la ira consumieron.
Cuántos matorrales han ardido por su solo
Pecado, el de ser bibliotecas.
En mi mano temblaba entre sus páginas
Su también delicado descendiente,
Ignorante de la presencia de su ancestro
Pero también a sabiendas de su origen verde
Y convencido de pervivir, como el papiro antiguo.
Como la memoria es frágil, como la memoria eterna.
Luis Benítez es autor de 45 libros de poesía, ensayo y narrativa publicados en Argentina, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, México, Rumania, Suecia, Venezuela y Uruguay. Según la londinense Ars Notoria Magazine es una de las voces más destacadas de la poesía argentina contemporánea y referente del género a nivel latinoamericano. Recibió numerosos premios literarios en América Latina, Europa y Asia.
(Fuente: círculodepoesía.com)
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