miércoles, 25 de febrero de 2026

Sharif Elmusa (Palestina, 1947)

 

 

«Raíces»

Versión de Juan Carlos Villavicencio




 
 
 
Hogar es donde la gente puede leer de forma 
correcta tu nombre en una lápida
ATILA JÓZSEF

Al nacer mis padres me llamaron
Sharif Said Hussein Elmusa
y así sucesivamente – una caravana de nombres
rezagados quedaron atrás
como si evitaran que me extravié
por rutas que sabemos más tortuosas.

Pero una noche, en un balcón alto
bajo una citadina luna llena,
una mujer
de las Rocallosas me abrazó
en el claro estanque de sus ojos,
como si yo fuera el primer Adán.
Y sólo seguí al amor.

El Tío Sam,
así como casual y eficiente,
inventor de la camiseta 
que simplifica la raza, 
encontró mi nombre demasiado barroco,
demasiado rebosante de importancia para mí,
por lo que arrancó al abuelo 
y al reducido padre 
incluso antes de su vejez
a una inicial: S.
Luego los editores terminaron el trabajo,
extirparon la atávica S.
y me dejaron soñar 
–como alguien que perdió su paraíso–
que camino con sigilo
por las calles de la ciudad, descalzo,
apenas en ropa interior.

Mira, mis incurables ganas
de seguir yendo y viniendo
de Damasco y Rabat
Cairo y Ammán
no es sólo poner la otra mejilla.
Ahí las fuerzas de seguridad en la frontera
mantienen sus toscos nombres y mostachos,
examinan mi pasaporte de izquierda-a-derecha
y se burlan de mí por volver a casa
a Washington. Nunca dejan
de preguntarme sobre el nombre de mi padre;
y disfruto enunciarlo:
Said Hussein.

Más gratificantes, todavía,
son los porteros de Israel.
Cómo se deleitan con la información.
No me dejan ir
hasta que han desenterrado,
entre otras cosas,
los nombres de mi lugar de nacimiento
el pueblo que sus padres
y abuelos han tomado
re-configurando sus viviendas y nombres;
hasta que desentierran mi conocido linaje 
hasta llegar a mi clan.

        Ustedes llámenme    
                                  Sharif.

 
(Fuente: Descontexto)




 

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