viernes, 20 de febrero de 2026

Robert R. Rivas (Búffalo, EEUU)

 

 

POEMAS DE "LA GRAN MAÑANA DEL MUNDO" 

 

  EMBRIONES


 Seguía escarbando en él esa mezcla de sensación y de

idea de que crear era a partir de cualquier recuerdo, im-

presión, palabra, historia. Y que debía suceder por rami-

ficación infinita, por interminable rizoma. Sólo que no

ha sucedido. Eso que debía sucederse torrencialmente,

no ha sucedido, se decía.


 Es que se trata de hebras


 Como se apoya la luz en el durazno


 Había uno que decía: "Si pudiera escribir un pedacito de

palabra en lugar de un libro, arrancarle la pestaña a una

frase, en lugar de producir un texto, lograr que la masa 

viva del sinsentido emita su burbuja pura de aire..."


 Ya no mostraba los huesos del lenguaje

 ¿Son los hechos, los huesos del lenguaje?


 Decía: "¿Hace falta escribir lo demás? Acaso se escriba

solo."


 Prender el imán en el panal zumbante de las palabras


 Cada tanto cambiarle el motor a los verbos


 Decía: "Escribir varios y diversos diccionarios. Luego

pasar sin pausa a los triccionarios. Una vez escritos los

triccionarios, revolverlos entre sí. Es necesario llegar a

los grandes friccionarios del lenguaje. A su cien veces 

sinuoso corazón de intenciones."


 Por otra parte, dice que toda esa escritura le molesta,

lo perturba, y quisiera apartarla, devolverla al pasado,

echarla fuera de sí. La escritura molesta es la que está

contaminada de uno mismo, decía.


 Querer hablar con el muñón de las palabras


 Tenía una breve teoría acerca del origen de su escri-

tura: "no me gustaba mi letra".

 Era muy insistente con eso de que había que crear

letras diferentes para los estados de ánimo, los diver-

sos niveles de pensamiento, las variadas intensidades

de los sentimientos.




 BRAMAR


 Allí la naturaleza sólo BRAMA.

Brama en los idiomas restallantes de los vientos,

en la lengua perdida de la locura de las selvas,

en la tromba de sus múltiples mares

en la vertiginosidad de las alturas

de los cielos expandidos a su máximo.

Brama sin pausas,

en el túnel entre el comienzo 

y el fin de los tiempos.

Brama en la bóveda del cráneo del cielo,

brama en los suelos abarrotados de temblores.

Y los agitados Dajhtis,

pueblo de nómades semi-sonámbulos,

olvidados vestigios de civilizaciones

desaparecidas para siempre


'Palabras de fuga del lenguaje'.

 "¿Quién quiere crear palabras  que queden enredadas

en las madejas del lenguaje?"


 Embriones de historias. Embriones (¿enviones?) 

tempranos de miríadas de historias.




 DE LOS BAHUANI


 A veces arden los huesos Bahuani

 bajo la tierra


 Las palabras aspiran

 rápido

 su último propio aire


 Luego, en silencio

 en sus túneles bajo el agua

 o en sus celdas acústicas


 esperan el rasgón

 en la red

 o 

 la llegada

 de una bandada de nuevos días


 En la vieja espalda de los montes

 crecen

 jóvenes árboles


 Una expedición bahuani

 no envía noticias

 desde hace un par de siglos


 El tiempo se mide por las nubes

 que surcan los cielos

 (hay muchos días sin tiempo)


 Mensajeros de seres misteriosos

 que es posible

 que los bahuani

 quieran y no quieran conocer


 Secretos del mundo:

 ¿por qué siempre nos hablan

 de la vida y de la muerte?


 Ayer ha ppasado

 en las aguas del río

 un gran animal moribundo.




 FUERA DE "BLILKLA": EL LECTOVISOR


 Se lo incorpora a una biblioteca grande.

 Se lo deja deambular durante algunos meses.

 Todo de noche, para no molestar a los visitantes

              {habituales.

 Cuando parece dormido, es que ya está listo.


 Recorre la biblioteca como un vidente implacable.

 Encuentra versos olvidados y los declama

con una voz ligeramente mecánica.

 Murmura párrafos en idiomas que ya han entrado

en el pasado pluscuamperfecto del olvido.

 Saca de su descanso infinito frases que se habían

transformado en irreconocibles renglones.

 Hipa y hace remolino y vuelca ante biblias 

de religiones de las que nadie ha oído hablar.

 Lee a los gritos, con un llanto a cuerda, hasta

agotaapagarse.

 Por la mañana vuelven, volvemos, lectores

y empleados.

 De alguna oficina llega un fuerte olor a café.

 Hay una discusión entre jefe y secretario

por el tema de unas llaves.

 Por una ley que nadie se adjudica, está prohibido

toser o bostezar en las salas, tocar los libros de

las estanterías y colocar lectovisores en las bibliotecas

del Estado.

 Sólo queda un ejemplar en la biblioteca espiralada

de Wrínciga, clausurada hace décadas por la cantidad

de víctimas de las lecturas apasionadas.




  DORMIR


 Dormir, dormir.

 Se fuerzan a dormir, como se  hunde a pulso un cuerpo

más liviano que el agua contra la resistencia del alma

del agua.

 Dormir, más allá del descanso y del deseo, de la vida

y de la contravida, ese dormir.

 Dormir sin el se de "dormirse. Un acto activo.

 Lento, tal vez, pero intensamente activo.

 Empujarse a un dormir que está sellado.

 Dormir como un cuerpo de animal que nunca vio la luz.

 Como un animal mudo entre miles de animales mudos.

 Como un cuerpo de animal hundiéndose en el fango

 por torsión, en un fango sin fondo, bordes o peldaños.

 Dormir reduciendo toda la sangre a un puño de sangre 

negra, desplazada al lugar más remoto del cuerpo.

 Crímen invisible.

 Se lo llama "el descanso de la chalupa".

 La chalupa que se mece interminablemente.

 La chalupa solitaria en el mar del tiempo.

 La chalupa de existir.




  EN PRUALHA


 En Prualha

 se escriben

 cada día

 cientos de libros.

 (la población es escasa),

 en un idioma que llamaríamos

 'ininteligible'.

 Es que la lengua 

 de los prualhenses

 'se habla sola',

 ajena a reglas,

 'brotando como manantial

 de sí misma?.

 O sea que los libros

 se escriben

 casi

 solos.

 Toda esa gente trabaja

 en la escritura,

 ya que todo

 pero todo-todo

 debe ser dicho.

 Y no cuesta nada,

 una vez que se empieza,

 entrar en el raudal de esa lengua

 desesperada por expresarse.

 Activa

 activa hasta un grado

 desorbitado,

 su condición más primaria

 es 'lo incontenible'.

 Esos escribas de Prualha

 son meros sirvientes

 de la lengua.

 Anhelan

 solamente

 salir

 del caudaloso río de la escritura.

 Hecho por demás inusual

 ya que esa lengua

 está hecha del irrumpir

 y es ajena

 al interrumpir-se.

 Los escribas aprovecharán

 cualquier distracción de la lengua

 que en raros momentos

 se queda contemplando algo

 -tal vez del mundo,

 tal vez del habla-

 para fumar 

 debajo de los árboles,

 comprar algo en una tienda,

 o simplemente perderse

 siguiendo la sombra de las nubes

 sobre los prados.


 Cientos de libros

 cada día

 esperando

 quién sabe qué milagro

 que proveería lectores

 de pueblos desconocidos,

 o,

 tal vez,

 ¿quién sabe?

 sin esperar 

 ser leídos

 nunca

 por nadie.

 

 

(Fuente: Idiomas Olvidados) 

 



 

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