Ya no conozco el amor
ni tampoco sé más nada.
Amé a los hombres del día
suaves y decentes deportistas.
Amé a los hombres de la noche
poetas melancólicos, tomistas,
críticos de arte y a los nada.
Ahora quiero un amigo.
En esta noche sin fin
confiarle mi deseo
mi gesto y la luna nueva.
Los que están cerca de mí
no me ven… Dame la mano.
Nos quedaremos solos con los ojos abiertos
a la inmensidad de la nada.
versión de Ezequiel Zaidenwerg:
(Fuente: Cecilia Pontorno)
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