Un poema sobre la caída
Ese año subimos por la escalera de servicio que nadie usa, con cuidado de evitar las rajaduras. No cede y no nos caemos. Allá arriba, en un edén de cemento, nos tiramos en el colchón viejo que encontramos. Con el calor de años al sol, nuestros cuerpos se tocan & se entrelazan. El mundo vuelve a empezar donde un árbol de goma creció hasta rozar el techo, donde se abre para permitir que el sol roce la piel; vos y yo, dos Evas. Cuando nos caemos, caemos de ese año como frutas demasiado maduras, de árboles que no aguantan nuestro peso. Yo caigo en una penitencia en la que el corazón no alcanza nunca, y el mundo sólo deja que lo toque del hueso al cuello del útero. Vos caés en hombres con caras que se empiezan a tragar la tuya.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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