martes, 10 de febrero de 2026

Daniel Ponce (Buenos Aires, 1956)

 

 

 

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"Ginkgo Biloba"

 

Antes que los dioses agriaran la fiesta
reinaba, alegre, el Ginkgo Biloba.
Continúa vivo quien recibió
el mordiscón del último dinosaurio
y los ecos eléctricos, silábicos
del primer lenguaje.
El Ginkgo Biloba dispone su colchón de hojas
para reposar durante el invierno
mientras espía el futuro primitivo
con un solo ojo, vale decir, duda
como un cartesiano.
Testigo victorioso de todas las eras
y del trinar político de sus pajarracos,
el Ginkgo Biloba cobró nuevos bríos
con la bomba que lo quemó y encogió.
Se mostrará prudente
mientras las sirenas cantan con sus arpas
y los barcos encallan, templado
cuando los bribones se embosquen, sereno
cuando la hilera de hormigas
vaticine la tempestad.
Los días son iguales y, al mismo tiempo,
plenos de incordios, fotos torcidas
de la redondez de la Tierra,
días tediosos por su duplicidad
como calcados sobre jabón barato
marchan dejando en el asfalto
esquirlas de un bajorrelieve antiguo;
el Ginkgo Biloba es la urna griega de Keats
aunque como árbol chino
no habite los cementerios.
Una mujer, siete hombres, nueve niños
pasan delante del árbol.
Un hombre, tres mujeres, dos hombres,
los niños, los fantasmas,
los que a gatas pueden andar,
dos obreros
pasan delante del árbol
que les arroja esferas amarillas
para precaverlos del olvido.
El camino está anegado
de malas intenciones y, a la vez,
de candor.
Este desbalanceo de los propósitos
edifica la perplejidad.
El árbol no es esperanzado ni escéptico,
observa.
El Ginkgo Biloba tose porque es alérgico
a toda demolición, tose
y escupe sus hojas-abanicos-paletas
para darle al caminante un emblema.
Ya es de noche, todo oscurecido
como un túnel ferroviario,
instante de abandonar el reloj,
frotarse las manos y soplar
aliento cálido dentro de ellas.
Ya no hay luz y el Ginkgo Biloba
se ha vestido con los harapos
del pordiosero añoso.
Luego, muchas horas después,
la mañana traerá el alimento
y la música.
Piadoso se inclinará
el árbol del retorno.
D. P.
 
(Inédito, de "MECANOGRAMA")
 

(Fuente: Daniel Gayoso) 

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