sábado, 7 de febrero de 2026

Louis Aragón (Francia, 1897 - 1982)

 

 

 

 

A cien años de la publicación de «El campesino de París» (1926-2026) de Louis Aragon (1897-1982)

 

EL CAMPESINO DE PARÍS (FRAGMENTOS)

A André Masson

EL PASAJE DE LA ÓPERA

1924

EL HOMBRE CONVERSA CON SUS FACULTADS

(…)

En este momento aparece LA IMAGINACIÓN, tal como la ha descrito la inteligencia. es un anciano alto y enjuto, con bigotes a lo Habsburo, una larga levita forrada y una gorra; su figura está animada por tics nerviosos; cuando habla hace como si cogiera las solapas imaginarias de un interlocutor invisible; bajo el brazo sostiene Au 125, Boulevard Saint Germain de Benjamín Péret. Sólo una cosa parece realmente extraña en él: anda con un patinete de ruedas en el pie izquierdo, apoyando el derecho directamente en el suelo. Avanza hacia el hombre y le dice:

 

DISCURSO DE LA IMAGINACIÓN

 

En la guerra como en la guerra: todos ustedes con su manía de poner buena cara a la suerte, no me habían tenido en cuenta. De una ilusión a otra, vuelven a caer sin cesar a merced de la ilusoria Realidad. Sin embargo, os lo he dado todo: el color azul del cielo, las Pirámides, los automóviles. ¿Qué os ocurre que desesperáis de este modo de mi linterna mágica? Os reservo una infinidad de sorpresas infinitas. Del poder del espíritu, se lo dije en 1819 a los estudiantes de Alemania, se puede esperarlo todo. Ved cómo puras creaciones quiméricas os han convertido ya en dueños de vosotros mismos. He inventado la memoria, la escritura, el cálculo infinitesimal. Existen aún descubrimientos fundamentales insospechados que harán del hombre algo diferente como la palabra les distingue por su gran embriaguez de las criaturas mudas que le rodean. ¿Qué murmuráis de ese modo? No se trata de progreso: no soy más que un traficante de coca, y mi nieve, vuestro maná, del recuerdo al método experimental, reconoced en él la embriaguez del espejismo. Todo surge de la imaginación y la imaginación todo lo revela. Parce que el teléfono es útil; no lo creáis, basta con mirar tan sólo al hombre convulsionándose con sus auriculares, gritando: ¡Diga! ¿Quién es, sino un toxicómano del sonido, borracho perdido del espacio vencido y de la voz transmitida? Mis venenos son los vuestros; he aquí el amor, la fuerza, la velocidad. ¿Queréis dolores, la muerte o canciones?

Os traigo hoy un estupefaciente proveniente de los límites de conciencia, de las fronteras del abismo. ¿Qué habéis buscado hasta el momento en las drogas sino es una sensación de poder, una megalomanía mentirosa y el libre ejercicio de vuestras facultades en el vacío? El producto que tengo el honor de presentaros procura todo esto, procura también inmensas ventajas inesperadas, excede vuestros deseos, los suscita, les permite acceder a deseos nuevos, insensatos; no lo dudéis, son los enemigos del orden los que ponen en circulación este filtro de lo absoluto. Lo pasan secretamente bajo los ojos de los guardianes, bajo la forma de libros, de poemas. El anodino pretexto de la literatura les permite daros a un preciso fuera de toda competencia este fermento mortal cuyo uso ya es hora de que se extienda. Se trata del genio embotellado, de la poesía embarrada. Comprad, comprad la condenación de vuestras almas, id finalmente a perderos, ésta es la máquina que trastorna el espíritu. Anuncio al mundo este hecho de primera magnitud: un nuevo vicio acaba de nacer, se permite al hombre un vértigo más: el surrealismo, hijos del frenesí y de la sombra. Entrad, entrad, es aquí donde comienzan los reinos de lo instantáneo.

Los durmientes despertados de la mil y una noches, los curados por milagro y los convulsionados, ¿qué podrías envidiarles, hachisianos modernos, cuando evoquéis sin instrumento alguno la gama hasta ahora incompleta de sus placeres maravillados, cuando os aseguréis sobre el mundo tal poder visionario, de la invención a la materialización glauca de claridades deslizadas del despertar, que ni la razón ni el instinto de conservación, a pesar de sus bellas y blancas manos, no sabrán conteneros antes de usarlo sin mesura, hechizados por vosotros mismos hasta que, clavando a modo de alfiler una imagen tan bella en el travesaño mortal de vuestro corazón, os convertiréis finalmente en algo semejante a aquel hombre que una sola mujer atrajo para siempre jamás y que no es más que una mariposa clavada en esta boya adorable? El vicio llamado Surrealismo es el empleo desordenado y pasional del estupefaciente imagen, o mejor aún la provocación sin control de la imagen por ella misma y por lo que ella entraña en el dominio de la representación de perturbaciones imprevisibles y de metamorfosis: pues cada imagen os fuerza cada vez a revisar todo el Universo. Y para cada hombre hay una imagen a encontrar que aniquila todo el Universo. Vosotros que entrevéis los fulgores anaranjados de este abismo, apresuraos, acercad vuestros labios a esta copa fresca y ardiente. Pronto, mañana, el oscuro deseo de seguridad que une entre sí a los hombres, les dictará leyes salvajes, prohibitivas. Los propagadores del surrealismo serán apaleados y colgados, los bebedores de imágenes serán encerrados en habitaciones de espejos. Entonces, los surrealistas perseguidos traficarán al abrigo de cafés cantantes sus contagios de imágenes. Por las actitudes, los reflejos, las traiciones repentinas del nerviosismo, la policía sospechará de surrealismo a los consumidores vigilados. Veo aquí a sus agentes provocadores, sus artimañas, sus ratoneras. El derecho de los individuos a disponer de sí mismos será restringido y controvertido una vez más. Se invocará al peligro público, al interés general, a la conservación de toda la humanidad. Una gran indignación se apoderará de las personas honestas contra aquella actividad indefendible, aquella anarquía epidérmica que tiende a arrancar a cada uno de la suerte común para crearle un paraíso individual, esta desviación de los pensamientos que no se tardara en denominar el maltusianismo intelectual. Estragos espléndidos: el principio de utilidad resultará extraño a todos los que practiquen este vicio superior. Finalmente, el espíritu dejará de ser aplicado por ellos. Verán retroceder sus límites, harán participar de esta embriaguez a todo lo que la tierra tiene de ardiente e insatisfecha. La gente joven se dedicará perdidamente a este juego serio y estéril. Corromperá su vida. Las facultades quedarán desiertas. Se cerrarán los laboratorios. No habrá ejercicio posible, ni familia, ni profesiones. Entonces, ante este abandono creciente de la vida social, se formará una gran conjura, de todas las fuerzas dogmáticas y realistas del mundo, contra el fantasma de las ilusiones. Vencerán, estos poderes aliados del por qué no y del vivir a pesar de todo. Será ésta la última cruzada del espíritu. Para esta batalla perdida de antemano, os conjuro desde hoy a vosotros, corazones aventureros y graves, poco preocupados por la victoria, que buscáis en la noche un abismo a donde lanzaros. Vamos, ha comenzado la función. Pasen por esa ventanilla.

(…)

¿Alguna vez tuvo el Théatre Moderne su época de grandeza y esplendor? Ver allí treinta espectadores los días de afluencia y uno se pone a pensar en la suerte de estos teatros pequeños, de los que no hace falta decir que son verdaderas bomboneras. Chicos de quince años, algunos mayores, y gente al azar se deslizan en las butacas más alejadas que son las menos caras, mientras que algunos bombones profesionales o actrices entre dos escenas, se diseminan en las plazas de veinticinco francos. A veces, un vendedor de bueyes o un portugués se pada, con riesgo de apoplejía, la locura de primera fila, para ver la piel. Se han estrenado obras muy desiguales, L´Ecole de Garçonnes, Ce Coquin de Printemps, y una especie de obra maestra Fleur de Péché, que es todavía el modelo de género erótico, espontáneamente lírico, sobre el que nos gustaría ver meditar a todos nuestros estetas aquejados de vanguardismo. Este teatro que no tiene otro objeto ni otro medio que el amor mismo es, sin duda, e único que nos presenta una dramaturgia sin trucaje, y verdaderamente moderna. Seguro que pronto veremos a los snobs cansados del music-hall y de los circos abatirse como saltamontes sobre estos teatros despreciados, donde la necesidad de dar vida a algunas mujeres y a sus macarras y a dos o tres guitones desgarbados, ha originado un arte importante como el de los misterios cristianos de la Edad Media. Un arte que tiene sus convenciones y sus audacias, sus disciplinas y sus oposiciones. El tema más frecuentemente explotado sigue más o menos este esquema: una Francesa raptada por un sultán se consume esperando en el serrallo hasta que un aviador que ha sufrido una avería, o un embajador viene a divertirla dificultando sus amores la pasión ridícula que él inspira a la cocinera o a la sultana madre y todo acaba felizmente. Un pretexto cualquiera, una fiesta en el harén, un álbum de fotografías hojeado mientras se canta, basta para hacer desfilar cinco o seis mujeres desnudas que representan las parte del mundo o de las razas del imperio otomano. Los grandes recursos de la comedia antigua, errores, disfraces, rechazos amorosos, y hasta menecmos, no son olvidados aquí. El espíritu mismo del teatro primitivo está salvaguardado por la comunión natural de la sala y la escena, debido al deseo o a la provocación de las mujeres o a las conversaciones particulares que las risas groseras del auditorio, sus comentarios, las broncas de las bailarinas hacia el irrespetuoso público, las citas concedidas, se suceden frecuentemente, añadiendo un encanto espontáneo a un texto despachado de forma monótona y a menudo desentonado, o torpemente recitado, o soplado o simplemente leído de modo improvisado, sin disimulo. Algunos caracteres constantes forman el fondo bastante restringido de la fauna dramática: una especie de fierecilla, un criado bobo y robusto, un príncipe afeminado, un héroe salido de La vie Parisienne, una fauna exótica que tiene un sentido trágico del amor, una parisina que lo ha vivido y posee la filosofía de moda en el bulevar, mujeres desnudas, una o dos, sirvientas o mensajeras. La moral es la del amor, el amor la única preocupación: los problemas sociales apenas se tocan allí, a no ser como pretexto de exhibición. La compañía no cobra y se toma libertades con sus papeles, vive de aventuras. Por ello es áspera como una verdadera compañía de artistas y soporta mal las bromas o el abucheo. En los entreactos los defensores naturales de los intérpretes la toman con los bromistas desagradables: ¿Pero qué te ha hecho ella, la pobre? Cada uno defiende su bistec, etc.

 

EL SENTIMIENTO DE LA NATURALEZA EN LES BUTTES-CHAUMONT

Ausschauende Idee

I (FRAGMENTO)

En aquella época magnífica y sórdida, prefiriendo casi siempre sus preocupaciones a las ocupaciones de mi corazón, yo vivía al azar, persiguiendo el azar, que sólo había sabido guardar su prestigio entre las divinidades. Nadie la había abierto un expediente y algunos le concedían un gran encanto absurdo, confiándole hasta el cuidado de las decisiones más íntimas. Así, yo me abandonaba. Los días corrían en esta especie de bacarrá giratorio. La idea que me había hecho de mí mismo era cuanto yo tenía en la cabeza. Una idea que nacía dulcemente, que apartaba dulcemente el ramaje. Una palabra olvidada, una tonada. Uno la siente ligada a todo su ser y, como una forma que buscase a otra con su linterna en medio de la noche, la veis que viene y va, uno toma el menor pliegue de terreno por un hombre, un arbusto a algún gusano de luz. En aquella calma e inquietud alternadas que entonces formaban todo mi cielo, yo pensaba como otros lo piensan del sueño, que las religiones son crisis de la personalidad, mitos de verdaderos sueños. En un gran libro alemán había leído la historia de estos ensueños, de estos seductores errores. Creía que habían perdido, creía ver que habían perdido poco a poco su poder de eficacia en aquel mundo que me rodeaba y me creía presa de obsesiones completamente nuevas y en todo diferentes. No reconocía a los dioses en la calle, cargado de mi precaria verdad, sin saber que no hay verdad que me penetre más hondo que allí donde he llevado el error. No había comprendido que el mito es ante todo una realidad, y una necesidad de espíritu, que es el camino de la conciencia, su pasillo mecánico. Aceptaba sin analizarla esta creencia común que es, al menos por un instante, una figura del lenguaje, un medio de expresión: locamente prefería el pensamiento abstracto y me felicitaba por hacerlo. El hombre enfermado por la lógica: desconfiaba de las alucinaciones deificadas.

Sin embargo, ¿qué era aquella necesidad que me animaba, aquella pendiente que me inclinaba a seguir, aquel rodeo de la distracción que me procuraba el entusiasmo? Ciertos lugares, muchos espectáculos, experimentaba su intensa fuerza en mí, sin descubrir el principio de este encantamiento. Había objetos usuales que, sin duda, participaban para mí del misterio, me sumergían en el misterio. Amaba aquella embriaguez que ya conocía, pero no metódicamente. Lo buscaba en el empirismo con la esperanza a menudo desilusionante de encontrarlo. Lentamente acabé deseando conocer la relación de todos aquellos placeres anónimos. Me parecía realmente que la esencia de aquellos placeres podría ser sólo metafísica, me parecía realmente que en su momento podía implicar una especie de gusto apasionado por la revelación. Un objeto se transfiguraba ante mis ojos, no adquiría ni un cariz alegórico ni el carácter de símbolo; no se manifestaba tanto una idea pues él era aquella misma idea. Así profundamente se prolongaba en la masa del mundo. Tenía vivamente la esperanza de llegar a tocar una cerradura del universo: como si el pestillo fuera de pronto a resbalar. También comprendía que a este hechizo el tiempo no le era ajeno. El tiempo que iba creciendo en este sentido, según el cual yo iba avanzando cada día, cada día acrecentaba la tiranía de estos elementos aún disparatados sobre mi imaginación. Comenzaba a comprender que su reino acogía su natural novedad y que sobre el futuro de este reino brillaba una estrella efímera. Se mostraban, pues, ante mí como tiranos transitorios y, de alguna forma, los agentes del azar junto a mi sensibilidad. Al fin, recobré la lucidez cuando sufrí el vértigo de lo moderno.

Traducción NOÉLLE BOER y MARÍA VICTORIA CIRLOT

El campesino de París. Barcelona. Editorial Bruguera. 1979. Págs. 66-69, 110-112, 117-119.

 

 

EL SUEÑO DEL CAMPESINO (FRAGMENTO)

 

Cállense, ustedes no comprenden nada: no se trata de sus poemas.

Es a la poesía lo que tiende el hombre.

No hay conocimiento sino de lo particular.

No hay poesía sino de lo concreto.

La locura es el predominio de lo abstracto y de lo general sobre lo concreto y la poesía.

El loco no es el hombre que ha perdido la razón: el loco es aquel que todo lo ha perdido, excepto su razón

(G. K. Chesterton).

 

La locura no es más que una relación, como lo razonable lo real. Es unarealidad, una razón.

Encuentro la actividad científica, un tanto loca, pero humanamente defendible.

Los consuelos de la lógica. No se ha encontrado nunca alguien que diga: Se necesita una lógica para el pueblo. Esto no me concierne. Pero se mantendría.

Lo que me concierne es la metafísica. Y no la locura. Y no la razón.

Me importa poco tener razón. Yo busco lo concreto. Por eso hablo. No admito que se discutan las condiciones de la palabra, o las de la expresión. Lo concreto no tiene otra expresión que la poesía. No admito que se discutan las condiciones de la poesía.

Hay una especie de perseguidos-perseguidores que se llaman críticos.

Yo no admito la crítica.

No es a la crítica que he dado mis días. Mis días están dados a la poesía. Entérense, zumbones, que yo llevo una vida poética.

Una vida poética, profundicen esta expresión, se lo ruego.

No admito que se vuelva sobre mis palabras, que se me las oponga. No son los términos de un tratado de paz. Entres ustedes y yo, la guerra.

En 1925, el periódico Le Figaro, en su suplemento literario, ha preguntado si era precisoo no eludir las e mudas en los versos, si se debía alternar las rimas. Ustedes no se conducirán jamás de otra manera, tal como los conozco, con respecto a mi pensamiento. Juzguen por ahí sus juicios de mi vida.

Mi vida, ella ya no me pertenece.

Ya lo he dicho.

No subo al escenario. Pero la primera persona del singular expresa para mí todo lo concreto del hombre. Toda metafísica está en primera persona del singular. Toda poesía también.

La segunda persona es aún la primera.

Ahora que ya no hay reyes, son los sabios que dicen: Nosotros queremos. Honrados caballeros.

Creen tocar al plural. No conocen su víbora.

No me extravío, me domino. Siempre algún absurdo mayor que lo esencial retiene al ojo en un paisaje. Mi punto de vista tiene un hermoso descubrimiento.

Decididamente, no admito la crítica.

Estoy en el cielo. Nadie puede impedirme que esté en el cielo.

Ellos han puesto el cielo en otra parte. Han olvidado mis ojos al imaginarse las estrellas.

Para el espíritu, ¿qué es pues el infierno?

De las diversas esperanzas que he tenido, la más tenaz ha sido la desesperanza. El infierno: mi moral, véanlo, no está ligada a mi optimismo. Nunca he comprendido el consuelo.

El cielo no me ayudará.

La extraordinaria necesidad que tienen de una moral consoladora.

Ni flores ni coronas.

Pródigos aquí, avaros allá: ellos no prestan su vida sino a la semana, y quieren encontrarse en su muerte.

A la poesía, ellos prefieren el paraíso.

Cuestión de gustos.

Aun en metafísica, generalmente se ha encontrado que la poesía no nutría a su hombre.

¿Cuál es esta sentimentalidad?

Dejen toda sentimentalidad. El sentimiento no es cuestión de palabras, estafadores de toda laya. Encaren el mundo fuera del sentimiento. Qué tiempo más hermoso.

La realidad es la ausencia aparente de contradicción.

Lo maravilloso es la contradicción que aparece en lo real.

El amor es un estado de confusión de lo real y de lo maravilloso. En este estado, las contradicciones del ser aparecen como realmenteesenciales al ser.

Donde lo maravilloso pierde sus derechos, comienza lo abstracto.

Lo fantástico, el más allá, el sueño, la supervivencia, el paraíso, el infierno, la poesía, tantas palabras para significar lo concreto.

No hay amor sino en lo concreto.

Y puesto que ellos persisten en escribir, les queda que escribir una metafísica del amor.

Para responder a una cierta objeción al nominalismo, forzar a las gentes a advertir lo que se pasa al comienzo del sueño. Cómo el hombre entonces se habla, y porqué insensible progresión él se toma de su palabra que aparece, se realiza, y cuando al fin ella alcanza su valor concreto, he aquí que el durmiente sueña, como se dice.

Lo concreto, es lo indescriptible: a saber, ¿si la tierra es redonda, qué quieren ustedes que me importe?

Hay un estilo noble en cuanto al pensamiento.

Es lo que se niegan los psicólogos.

Los psicólogos o amateurs de almas son los acólitos del sentimiento. He conocido varios.

El inventor de la palabra fisonomista.

Los que dicen Diospor las mejores razones del mundo.

Dios está raramente en mi boca.

Los que distinguen facultades en el espíritu.

Los que hablan de la verdad (no me gustan bastante las mentiras para hablar de la verdad).

Es muy tarde para ustedes, señores, ya que las personas han llegado a su término sobre la tierra.

Lleven a su límite extremo la idea de destrucción de las personas, y sobrepásenla.

 

 

Traducción: BRAULIO ARENAS

Actas surrealistas. Editorial Nascimento. Santiago de Chile. 1974. Págs. 60-66.

 

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